Un dron y un móvil es todo lo que hace falta para piratear una red Wi-Fi

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Conforme se va popularizando el uso de los drones se van detectando al mismo ritmo tanto el potencial de las nuevas posibilidades que aportan, como los nuevos peligros de seguridad que suponen para otras personas. Y es que estas aeronaves equipadas con un simple teléfono móvil pueden ser capaces de hackear una red Wi-Fi que se encuentre fuera de alcance, pudiendo comprometer por ejemplo la seguridad de archivos que se envíen a una impresora inalámbrica.

Unos investigadores de seguridad en Singapur han podido mostrar lo sencillo que resulta para unos atacantes que controlen de forma remota estos drones, como pueden robar documentos confidenciales simplemente accediendo a la red Wi-Fi a la cual estaría conectada una impresora. De hecho para la prueba llevada a cabo con el objetivo de concienciar sobre todo a empresas que trabajan en edificios de gran altura y que puedan sentirse a salvo de hackers que accedan sin autorización a su red, se ha empleado un dron del fabricante chino DJI y un smartphone Samsung.

Utilizando una aplicación móvil que buscaría la identificación de redes inalámbricas, se puede detectar el nombre de una compañía en concreto y acceder a datos de la impresora como la marca y modelo. La técnica de ataque consistiría en sustituir dentro de la red a la impresora por el propio teléfono acoplado al dron de forma que los archivos que se envíen al periférico para imprimir, serían recibidos por el móvil y con ello quedarían comprometidos. La app móvil puede mandar los archivos interceptados a una cuenta en la nube gracias a la conexión de datos móvil y lo más peligroso es que puede volver a mandar a la impresora el archivo de forma que no el usuario no note que ha podido ser robado.

Un dron para piratear redes Wi-Fi

La única limitación del uso de esta técnica es que solamente posee un alcance de 26 metros e incluso se puede ampliar un poco por lo que los dispositivos como impresoras, -con un rango de alcance inalámbrico de unos 30 metros- situados en zonas elevadas o en grandes edificios. Pero aunque se podría pensar que se está a salvo,  el uso de un dron muy económico que sea capaz de volar hasta situarse a una altura óptima para el ataque informático dentro del alcance de la red Wi-Fi y de la impresora, echa por tierra este inconveniente.

Ya hemos visto antes como se puede usar un dron para transmitir virus vía Wi-Fi y desde luego queda claro que cualquier tipo de dispositivo debe tener muy presente la idea de salvaguardar la seguridad, privacidad y confidencialidad del usuarios, más si cabe en el uso de gadgets conectados y de cara a la llegada de nuevos productos que doten de un gran peso  al Internet de las Cosas en el futuro inmediato.

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Escrito por David Valero

Fuente > Wired