La industria cultural quiere legalizar un malware para chantajear a quien descargue sus obras

La industria cultural y del entretenimiento sigue perdida en su laberinto. Lejos de buscar fórmulas constructivas, ha lanzado una desproporcionada propuesta al Gobierno de EEUU, al que ha pedido que legalice un malware que tomaría el control del ordenador en el que presuntamente se haya descargado una obra protegido sin permiso.

La lucha contra las descargas en Internet sigue dejando auténticos despropósitos sobre la mesa. A pesar de las múltiples evidencias que demuestran la necesidad de adaptación del modelo de negocio de la industria cultural a la Red como única fórmula para sacar rédito positivo de Internet, son varias las compañías que ofrecen una postura preocupante que se resume en la última propuesta al Gobierno estadounidense.

Según leemos en el blog de Enrique Dans, la patronal de las compañías del entretenimiento ha emitido un informe en el que muestran sus desproporcionadas aspiraciones. En él piden al Gobierno de país la legalización de un software que se instalaría de forma automática en los ordenadores de los usuarios que supuestamente hubiesen descargado obras protegidas. Una vez instalado impediría al legítimo propietario del equipo su uso y el acceso a los archivos descargados hasta que contactase con la Policía «para confesar su crimen, pagar una multa y obtener una contraseña».

Estamos, por tanto, de un intento de legalizar un tipo de software con clara forma de malware que utiliza las técnicas del conocido como ransomware. Recordemos que este tipo de software malicioso bloquea los ordenadores de sus víctimas y les exige un pago por liberarlo, algo que no sucede ni siquiera procediendo al mismo como han demostrado casos como el llamado virus de la Policía, muy extendido en nuestro país en 2012.

Por si fuera poco, al margen del bloqueo del PC, el software que quiere legalizar esta industria traería medidas adicionales que dejan en el olvido cualquier atisbo del derecho a la privacidad del usuario. Por ejemplo, pretenden que tenga acceso de forma remota a todos los archivos almacenados en el equipo y a su destrucción así como a la posibilidad de sacar fotografías del usuario con la webcam.

En definitiva, una retahíla de intenciones que no pueden sino generar indignación y espanto pero que no sorprenden si tenemos en cuenta que provienen de un sector que ya ocultó rootkits en algunos productos legales que se instalaban en los equipos de los usuarios sin su permiso. Ahora buscan la legalización de un sistema que demuestra cuán alejadas están estas compañías de lo que supone Internet y las múltiples puertas que tienen abiertas para rentabilizar su negocio pero a las que dan la espalda de forma clamorosa.