Ley Sinde : Historia de una victoria de EEUU sobre la soberanía de los internautas españoles

El 9 de febrero de 2011 pasará a la Historia como una de las derrotas más dolorosas para la soberanía de los ciudadanos españoles. Un antes y un después en las normas que legislan la Red. Estados Unidos se encargó de colocar al borde del precipicio la libertad en Internet. Los senadores del PSOE, PP y CiU la empujaron obedientemente.

Presiones políticas, negociaciones en la sombra e injerencia de potencias extranjeras en la soberanía del pueblo español. Así nació y se desarrolló la recientemente aprobada Ley Sinde en el Senado español con los votos del 95% de los senadores de nuestro país, pertenecientes a las formaciones del Partido Socialista, Partido Popular y Convèrgencia i Unió. Una ley creada para conseguir lo que no ha conseguido la industria cultural por la vía judicial: cerrar páginas web que estorben a su negocio, a pesar de su reiterada legalidad.

Bien conocido es el discurso de algunos artistas españoles no precisamente expertos en leyes a favor de este polémico texto. Alejandro Sanz, Pau Donés, Miguel Bosé, Fran Perea, Pilar Bardem o su hijo Javier han sido algunos de los rostros más conocidos que no han dudado en defender la Ley Sinde con uñas y dientes, despreciando la opinión de internautas, abogados y jueces. Incluso hay quien llegó a acusar de totalitaria la actitud de la comunidad internauta.

Sin embargo, poco o nada sabemos de cómo ha sentado la aprobación de la norma al otro lado del charco, en aquel inmenso país llamado Estados Unidos. A buen seguro, la felicidad es máxima, ya que han visto nacer a uno de sus últimos retoños, buscado desde hace años. De forma secreta, eso sí… hasta que WikiLeaks desenmascaró a los verdaderos autores de la Ley Sinde, más habituados a hablar en inglés con marcado acento yanqui que a hacerlo en cualquiera de las lenguas de nuestro Estado, a pesar de que es por estos lares donde se sufrirá la aprobada norma.

Importante reunión con Obama para impulsar la Ley Sinde

Gracias al proyecto informativo encabezado por Julian Assange y a los últimos cables publicados por 20minutos.es, hemos podido conocer que las presiones para la aprobación de la ley antidescargas española llegaron desde la mismísima Casa Blanca. Octubre de 2009 fue una fecha clave para el impulso a esta norma. El presidente estadounidense, Barack Obama, se reunía con su homólogo español, José Luis Rodríguez Zapatero, e insistía en la necesidad de aprobar una legislación como a la que el pasado miércoles dieron su visto bueno los senadores de nuestro país.

No faltaron tampoco las presiones de Estados Unidos a los grupos políticos de la oposición, quien han acabado convencidos de las bondades de un texto que menosprecia libertades que han sido legitimadas por jueces de nuestro país. Por no hablar del artículo 1.2 de la Constitución Española. Recordémoslo, que a los políticos les gusta mucho alardear de la Carta Magna cuando más les conviene: "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado".

Satisfacción y pesimismo repartido a partes muy desiguales entre el grupo forindustria y la desleal clase política. Esto ha conseguido la Ley Sinde. Y poco más podrá conseguir. Para la fantasía quedan las ensoñaciones de la ministra que da nombre a esta ley. ¿Bajarán los precios de los contenidos culturales como el cine? ¿Se acabarán las webs con enlaces a contenidos externos? ¿Se acabará el intercambio de archivos entre particulares? ¿Se crearán centenares de páginas webs por parte de la industria cultural? Permítasenos, cuanto menos, el beneficio de la duda.