Telefónica pagó por O2 más de 26000 millones. Hoy la compañía capitaliza apenas 32.000 millones

En octubre de 2005 Telefónica culminó la mayor operación de una compañía española en el extranjero con la adquisición de O2. La operadora pagó más de 26.000 millones de euros  y en ese momento la teleco presidida por César Alierta superaba los 80.000 millones de valoración. Quince años después, el valor de las acciones ha caído a plomo y en este momento la valoración está por debajo de los 32.000 millones, una cifra que es inferior a la deuda neta que tiene actualmente la empresa y que sitúa el precio de las acciones en 6 euros, una barrera psicológica que  debe mantener a toda costa.

El sector de las telecomunicaciones está en crisis y basta solo con comparar las capitalizaciones de las principales empresas europeas. En 2005, Vodafone era la primera operadora del mundo con una valoración superior a los 154.000 millones de dólares. La segunda era Verizon con 95.000 millones y la tercera teleco del mundo era Telefónica con 80.000 millones de capitalización bursátil. La operadora española superaba a France Telecom, Deutsche Telecom o gigantes como China Mobile. Eran los años más dorados del sector donde la banda ancha fija explotaba, apenas había competencia y el precio de las llamadas móviles y los SMS eran el motor de crecimiento de todas las telecos.

Adquisición de O2

La compra de la operadora británica disparó la cartera de clientes de Telefónica hasta los 170 millones de abonados, de los cuales 116 millones eran solo de telefonía móvil. En la rueda de prensa celebrada para explicar la operación, César Alierta comentó que la adquisición tendría un impactivo financiero positivo desde el primer año y así fue durante los primeros dos ejercicios. En 2005 las acciones de la operadora se situaban entre 13 y 14 euros. Dos años después la operadora batió su récord superando los 100.000 millones de capitalización y disparando el valor de las acciones un 70% hasta alcanzar los 22,9 euros el 2 de noviembre de 2007.

 

Desde ese mágico día, la operadora ha perdido un 74% de valor bursátil y en este momento la situación se ha vuelto crítica teniendo en cuenta que los últimos resultados no han gustado al mercado y la barrera de los 6 euros está muy cerca. Si en las próximas semanas perforara este soporte, la operadora entraría en una nueva espiral bajista con una elevada posibilidad de que las acciones pudieran caer hasta los 5,3 euros si tenemos en cuenta la evolución técnica del valor.

¿Por qué cae a plomo Telefónica?

Como decíamos anteriormente, todas las operadoras europeas han perdido un porcentaje importante de valoración pero lo cierto es que Telefónica es de las telecos más castigadas y eso que el IBEX 35 se ha revalorizado un 8% en los últimos doce meses. El problema fundamental es la elevada deuda que supera los 37.000 millones y que el sector está tan maduro que los ingresos no aumentan lo que esperan los inversores. La feroz competencia, la regulación y la ausencia de un plan específico para disparar los ingresos han creado incertidumbre en el mercado y por eso la acción no es capaz de remontar el vuelo.

Durante la última presentación de resultados, José María Álvarez-Pallete se mostró convencido de que las acciones subirán a largo plazo. «Estamos contentos porque hemos alcanzado los objetivos y no tengan ninguna duda de que estamos haciendo lo correcto para generar valor a los accionistas». Habrá que estar muy atentos a la evolución de «las matildes» en las próximas semanas ya que el mercado juzgará si las declaraciones del presidente convencen o no a los inversores.

¿Fusiones a la vista?

Con este panorama no son pocos los que piensan que próximamente veremos fusiones entre grandes telecos europeas. Lo cierto es que en Estados Unidos el sector ha mantenido la racionalidad mientras que en el Viejo Continente el número de operadoras compitiendo se ha disparado erosionando los ingresos. Es pronto para vaticinar lo que puede llegar a ocurrir pero la cruda realidad es que las valoraciones tan bajas de las telecos pueden animar a otros gigantes asiáticos o americanos a tomar posiciones en Europa.