Microsoft quiere matar los discos duros: ¿SSD obligatorio para iniciar Windows?

Los discos duros han sido uno de los inventos que más ha hecho evolucionar la informática, y han estado con nosotros varias décadas. Es cierto que estos todavía se siguen usando y se siguen comercializando, pero poco a poco los SSD (o unidades de estado sólido) les están ganando terreno. Estos ofrecen un rendimiento muy superior a los discos duros tradicionales, y por eso parece que Microsoft querría que estos últimos desaparecieran de nuestros equipos.

A la hora de arrancar Windows, no hay color. Los SSD hacen que este sistema operativo arranque muchísimo más rápido que los discos duros tradicionales, de ahí que cada vez sean más los usuarios que apuestan por estos. Un informe de la firma Trendfocus apunta a que Microsoft estaría presionando a los fabricantes para que abandonen de una vez por todas los discos duros en los equipos pre-construidos para 2023.

Los SSD, ¿obligatorios para arrancar Windows?

Esta petición de Microsoft es un poco sorprendente si tenemos en cuenta los requisitos mínimos que tiene su nuevo sistema operativo. Tal y como podéis ver en la siguiente imagen, en cuanto a almacenamiento solo es necesario tener un dispositivo con 64 GB o más de espacio. En este punto, nada nos indica que no podamos instalarlo en un disco duro tradicional, aunque por supuesto Microsoft se podría estar reservando el cambio en los requisitos para el próximo año.

Requisitos mínimos Windows 11

Como hemos dicho más arriba, este cambio tiene mucho sentido desde el punto de vista técnico. Los SSD son perfectos para instalar Windows en ellos, ya que tanto en el arranque como en el funcionamiento general vamos a ver una mejora sustancial con respecto a los otros discos. Hoy en día, la mayoría de portátiles nuevos que llegan al mercado lo hacen con uno de estos discos de serie, lo que proporciona al usuario una experiencia mucho más rápida y satisfactoria.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que también se siguen vendiendo equipos más modestos que no tienen acceso a esta tecnología, que por supuesto es más cara. Los ordenadores deberían llegar para Microsoft con un SSD de capacidad pequeña para que se instale en él el sistema operativo, y un disco duro tradicional para tener en almacenados en él todos nuestros archivos de gran tamaño.

Precio y capacidad, los principales problemas

El escenario ideal sería que todos los ordenadores contaran con un SSD para arranque, o incluso con un SSD de gran capacidad para tener en él tanto Windows como el resto de archivos de nuestro ordenador. Sin embargo, el problema al que nos enfrentamos los usuarios para ello está como siempre en el precio, y es que si comparamos el precio de un SSD con un disco duro tradicional vamos a ver que a igualdad de capacidad el SSD es muchísimo más caro.

¿A qué escenario nos enfrentamos en los próximos años? Lo más probable es que los fabricantes de equipos vayan lanzando al mercado dispositivos con SSD para arranque y con un disco duro tradicional complementario. Los equipos más «gaming» llevarán con casi toda seguridad un SSD de mayor capacidad, puesto que para videojuegos el SSD también es ideal (reduce los tiempos de carga). Lo que no sabemos es que «represalias» tomará Microsoft contra los fabricantes que no adopten el SSD como dispositivo de arranque en sus equipos.