¿Qué es la obsolescencia programada y en qué nos afecta?

Puede que hayas oído hablar muchas veces de obsolescencia programada y no entiendas a que se refiere ese término, pues bien, nosotros te vamos a intentar explicar qué es, como surge y como nos afecta hoy en día.

Se conoce como obsolescencia programada u obsolescencia planificada a la vida útil que da una empresa a un determinado producto que lanzan al mercado, es decir, que pasado el tiempo que han marcado desde la fábrica ya no funcionará y se volverá obsoleto.

Esto se hizo con el propósito de que, una vez transcurriera un determinado tiempo, el usuario se viese obligado a comprar otro dispositivo nuevo del mismo tipo, ya que arreglarlo casi siempre sería más caro o no compensará.

¿Desde cuándo existe la obsolescencia programada?

No creáis que estamos ante un fenómeno precisamente nuevo, ya que todo esto ya comenzó a darse en la década de 1920. La idea fue del Cártel Phoebus, con socios tan importantes como Philips u Osram. Estos llegaron al acuerdo de que había que subir las ventas de las bombillas y por lo tanto tomaron la decisión de que la duración máxima de estas fuera de 1.000 horas, además de penalizar a los fabricantes que violaran la nueva norma.

El término obsolescencia programada fue popularizado en 1.954 por el diseñador industrial estadounidense Brooks Stevens, cuando tituló de esta en una charla de publicidad en Minneapolis,

Otro de los escándalos más sonados por este tipo de práctica implicó al reproductor de audio iPod fabricado por la marca estadounidense Apple. La batería de este dispositivo había sido diseñada para que durara únicamente 18 meses, el tiempo suficiente como para que los usuarios se planteasen comprar el siguiente modelo lanzado por la marca. Todo esto se popularizó a partir de un video que realizaron Casey Neistat y su hermano, donde explicaban detalladamente lo que ocurría con la batería del dispositivo. Esto consiguió que Apple anunciase el 14 de noviembre de 2003 que no solo cambiaba las baterías de dichos productos, sino que ampliaba la garantía de estos.

móviles que no sirven

Causas de la obsolescencia

Este tipo de práctica se puede dar de diferentes maneras y no tiene por qué ser algo radical, ya que existen otras maneras.

  • Falla algún elemento: en este caso alguno de los componentes de un dispositivo falla de manera repentina y el equipo deja de funcionar. También puede ser que poco a poco el dispositivo ya no funcione como antes y vaya dando problemas de manera sistemática.
  • Ausencia de repuestos: esto es algo que ocurre más a menudo de lo que pudiera parecer. Si un producto se estropea, podremos intentar arreglarlo, pero no encontramos piezas para reemplazar la estropeada.
  • Descatalogado: puede ocurrir que un producto se quede descatalogado y no pueda seguir siendo utilizado.
  • No son compatibles: este es otro de los temas que más se dan en tecnología. Puede ser que no podamos seguir utilizando un determinado dispositivo porque ya no es compatible con una nueva tecnología o con la actualización de esta, lo que nos obligará a comprar otro más actual.
  • Deseo: nosotros mismos seremos los causantes de la obsolescencia, ya que podemos autoforzarnos a cambiar un producto con poco tiempo, solo porque ha salido una nueva versión, algo a lo que también juegan las marcas para intentar convencernos de ello.
  • Caducidad: esto es algo que se da en alimentos o medicamentos, por poneros dos ejemplos, y que marcan desde un principio el fin de usabilidad de un determinado elemento. No hablamos negativamente de que se ponga caducidad, puesto que es algo normal, pero sí que puede ocurrir que se adelanten las fechas para incentivar las ventas.
  • Ecología: incluso podemos caer en la obsolescencia de querer un producto a toda costa porque es más ecológico y respeta mejor el medio ambiente, aunque realmente no lo necesitemos.

¿Cómo nos afecta?

Como podemos imaginar la obsolescencia programada es algo que afecta a cualquier tipo de usuario en cualquiera de los ámbitos de la propia vida. Pero si nos centramos en la tecnología, podemos ver miles de ejemplos que podrían ser sospechosos de este tipo de práctica.

Todos hemos tenido algún equipo tecnológico que transcurrido unos años ya no funcionan igual, pero no solo porque las baterías vayan perdiendo eficacia, sino porque el propio aparato ya no consigue otorgarnos las mismas garantías que al principio de su vida.

El problema es que esta práctica se ha vuelto algo que asumimos como normal en muchos de los casos donde podríamos pensar que está ocurriendo. Y es que la gran conquista de la obsolescencia programada es eso mismo, que lo normalicemos y sea lo que todos esperamos. Pero no solo hablamos en lo referente a que un dispositivo dure menos tiempo del que debería de una u otra manera, sino que también tenemos bastante estandarizado que tener lo último de lo último en tecnología es algo necesario y que, si mi marca favorita lanza otro dispositivo este año, el que tenemos del año pasado ya no sirve y tendremos que comprar el nuevo.

Tecnología en la basura

¿Existe una normativa?

Actualmente no existe ninguna normativa a nivel europeo que regule la obsolescencia programada. Dentro de la Unión Europea varios países han incorporado normas específicas en su territorio para intentar sancionar este tipo de comportamientos, siempre y cuando lo que se busque sea incrementar las ventas, perjudicando al usuario.

En España existe el Real Decreto 110/2015 sobre residuos que en su Artículo 6 dice:

«Los productores de aparatos eléctricos y electrónicos (AEE), de sus materiales y de sus componentes, deberán diseñar y producir sus aparatos de forma que se prolongue en lo posible su vida útil, facilitando entre otras cosas, su reutilización, desmontaje y reparación».

Algunos países europeos como Francia aplican medidas contra la obsolescencia programada en su territorio. El Parlamento europeo pidió a la Comisión europea en 2017 que países miembros y empresas llegaran a un acuerdo para regular esta práctica, aunque esto nunca ocurrió.

Lo cierto es que es un tema del que se ha hablado varias veces en la Comisión Europea, pero del que nunca ha salido nada realmente en claro. Sí que existe una normativa por la que el tiempo de disponibilidad de piezas de repuestos de los electrométricos ha sido ampliado a un mínimo de siete años, pero nada más.

Afortunadamente muchas empresas están empezando a tomarse este tema en serio y prometen practicas totalmente contrarias a la obsolescencia programada, como puede ser la lámpara que ha lanzado Dyson que asegura durar 60 años. Esperemos que esto se convierta en una costumbre tanto para las empresas como para los propios usuarios.

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