Si crees que el WiFi es malo para la salud, este estudio no te gustará

Cuando se introdujo la electricidad, hubo muchos detractores que afirmaban que ésta provocaba cáncer. Con la llegada de la televisión ocurrió lo mismo, y posteriormente esto se fue aplicando también a las redes móviles y al WiFi. Sin embargo, no hay estudios que demuestren esta relación, y un nuevo macroestudio ha analizado todos los artículos previos para echar por tierra de una vez esta absurda convicción.

Las radiaciones electromagnéticas de las redes que nos rodean son perfectamente seguras. El WiFi, el 4G o el 5G tienen una longitud de onda demasiado larga y una potencia tan sumamente baja que no provocan ningún efecto en el cuerpo. La potencia utilizada es cientos e incluso miles de veces inferior a los niveles considerados como seguros. De hecho, las críticas hacia el 5G no tienen ningún sentido porque parte de sus frecuencias se usaban hasta ahora para la TDT, y casualmente eso no suponía un problema.

El WiFi, alejadísimo de la radiación ionizante

La radiación «peligrosa» es aquella que, al penetrar en una materia, es capaz de arrancar electrones de átomos circundantes, en un proceso llamado ionización. Es por ello que a esta radiación se la conoce como radiación ionizante. Entre las alteraciones que puede provocar se encuentran cambios químicos en el ADN o un desarrollo anormal en las células al replicarse, con errores y deformaciones. Esto es lo que ocurre por ejemplo al exponerse a combustibles nucleares como el uranio, donde una alta exposición genera la muerte en cuestión de días o semanas, con cuerpos que parecen quemados.

El WiFi y todo el espectro radioeléctrico está infinitamente alejado de esas radiaciones. De hecho, el contacto con una persona ya supone una transferencia de radiación muchísimo mayor en forma de calor, o meterse bajo una mesa camilla con un radiador en invierno.

Ahora, un estudio ha vuelto a demostrar lo que ya sabíamos: que no hay ningún efecto nocivo del WiFi en la salud. El estudio, publicado en una de las revistas más prestigiosas del mundo (Critical Reviews in Environmental Science and Technology). Su autor, Martin Röösli, es uno de los investigadores más prestigiosos en lo que a efectos del electromagnetismo en la vida se refiere.

La revisión es sistémica, de todos los estudios, tengan o no evidencias. Así, se evita hacer cherry picking como han hecho algunos en el pasado, como Martin Pall, en una revisión sesgada y llena de errores, donde algunos de los autores citados dijeron que el artículo era una barbaridad, por lo que la revisión por pares lo echó por tierra.

Por ello, en esta revisión eligieron artículos con metodologías correctas, grupos de control, simple ciego, etc. Con ello, evitaron introducir trabajos de baja calidad. De 1.385 artículos identificados, sólo 23 cumplían los criterios adecuados. En ellos había cientos de adolescentes y niños, e incluso embarazadas o personas que se decían hipersensibles a las radiaciones electromagnéticas.

En la conclusión de la revisión no pueden ser más claros: «encontramos poca evidencia de que la exposición al WiFi sea un riesgo para la salud en un entorno cotidiano, donde los niveles de exposición son considerablemente más bajos que los valores de referencia de la ICNIRP (International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection). Esto es algo totalmente lógico si tenemos en cuenta que el WiFi está en prácticamente todas partes.