El 3D en los televisores no interesa a los usuarios

El 3D en los televisores no interesa a los usuarios

Redacción

La tecnología 3D sigue sin hacerse un hueco en el mercado doméstico. La demanda de televisores con este efecto no se ha disparado tal y como preveían los fabricantes y el último ejemplo de reclamo más bien discreto de este tipo de contenidos fue la reciente final de Wimbledon.

Pasan los años y los televisores en 3D no encuentran su sitio entre los usuarios. Al margen de la escasez de contenidos que llevan al hogar los conseguidos efectos de una tecnología renacida gracias a la emisión en las salas de cine de películas con estas características, los usuarios tampoco reclaman su despegue.

Así se deduce de la última información que conocemos a través de El País, en la que se confirma que la programación 3D de la cadena BBC ha quedado suspendida de forma indefinida. El motivo no es otro que la «falta de interés del público», tal y como confirmó el portavoz de la cadena británica, Kim Shillinglaw. «Nunca he visto que el público tenga apetito por la televisión 3D en nuestro país», explicó abriendo una puerta a retomarla en un futuro, «cuando acabe la crisis». En noviembre será cuando la empresa de Reino Unido cese sus emisiones

Aunque es el caso más reciente, no es el único de una cadena de primer nivel que no encuentra sitio para los contenidos tridimensionales en su programación. La famosa cadena de deportes estadounidense ESPN anunció que a partir de finales de año tomará el mismo camino: dejará de emitir programas en 3D. Han sido tres años en los que los abonados del canal por cable han podido disfrutar de retransmisiones con esta tecnología, pero el ritmo de crecimiento no ha sido el esperado ya que en todo el país norteamericano se estima que apenas hay 120.000 usuarios que acostumbran a ver programas de este tipo.

¿A qué se debe este fracaso?

Son varios los motivos que han llevado al 3D en el televisor a no despegar por ahora. El más claro es el alto coste de la tecnología. Producir programas en 3D es mucho más caro debido a las diferentes cámaras a emplear, mientras que a su vez, contar con un televisor de este tipo sigue saliendo caro a los consumidores.

No obstante, cabe resaltar en este punto que la inexistencia de forma masiva y asequible de televisores 3D sin gafas también ayuda a que no sea un producto de masas. A la mayoría de los usuarios les resulta incómodo tener que utilizar las gafas que acompañan a estos dispositivos, por lo que acaban siendo una experiencia muy puntual. Si a ello le unimos la falta de contenidos se convierte en un bucle que da como resultado el fracaso experimentado por ahora en el salto de las tres dimensiones al salón del hogar.