
Cualquiera que tenga un salón mínimamente equipado sabe lo incómodo y absurdo que es tener que utilizar dos, tres o incluso cuatro o más mandos al mismo tiempo. Uno para encender la televisión, otro para la barra de sonido, otro para el decodificador de tu compañía, otro para la consola… y así podríamos seguir un rato.















































