Existe un planeta gigante y gaseoso que flota en el más absoluto vacío, sin una estrella que le dé calor o luz, ni una órbita a la que agarrarse. Un grupo de investigadores así lo ha descubierto y confirmado, en lo que parece más una película de ciencia ficción que una realidad demostrada. Y lo han hecho midiendo por primera vez la masa de este exoplaneta.
Así, se replantea lo que hasta se sabía sobre la formación del cosmos, gracias a un planeta que se encontraba oculto a 10 000 años luz de la Tierra.
Hasta ahora, la existencia de estos cuerpos celestes solitarios era una certeza teórica con muchas pruebas circunstanciales, pero sin la evidencia definitiva de ponerles peso. Según recoge el prestigioso medio científico Science.org, una alineación astronómica casi milagrosa ha permitido a los científicos confirmar la existencia de este mundo oscuro.
El objeto ha sido bautizado con dos nombres técnicos, KMT-2024-BLG-0792 y OGLE-2024-BLG-0516, debido a que fue detectado de forma independiente por dos telescopios terrestres diferentes. Pero lo más especial no es que tenga dos nombres, sino que tiene el tamaño de Saturno, una dimensión que hasta ahora representaba un agujero en los registros astronómicos y que abre la puerta a comprender cómo muchos planetas son expulsados del lugar en el que se crean.
Consecuencias del hallazgo
Para entender la magnitud de la que hablamos, primero hay que comprender lo difícil que es ver algo que no emite luz en la inmensidad negra del espacio, sobre todo porque los astrónomos no pueden ver estos planetas directamente. Para encontrarlos, utilizan una técnica llamada microlente gravitacional. Esto ocurre cuando el planeta pasa justo por delante de una estrella lejana, y es ahí cuando la gravedad del planeta actúa como una lupa, curvando la luz de la estrella de fondo y creando un halo momentáneo.
Sin embargo, medir la masa basándose solo en ese destello es extremadamente complicado, y aquí es donde entró en juego el factor suerte. Según explica Gavin Coleman, de la Universidad Queen Mary de Londres, se produjo la casualidad de que el evento de microlente fue captado simultáneamente por telescopios en la Tierra y por el telescopio espacial Gaia.
Esta doble perspectiva, desde el suelo y desde el espacio, permitió triangular los datos con una precisión inédita. Gracias a ello, los investigadores pudieron determinar que este viajero solitario tiene una masa aproximada de una quinta parte de la de Júpiter, con un tamaño similar al de Saturno.
Esto es también importante porque rompe con el llamado «desierto de Einstein». Hasta la fecha, la mayoría de los mundos errantes detectados eran o bien gigantes masivos (superiores a Júpiter) o bien cuerpos rocosos pequeños (inferiores a Neptuno), por lo que había un vacío en el medio. Se creía que los planetas pequeños son fáciles de expulsar de un sistema solar, y los gigantes pueden formarse solos como si fueran estrellas fallidas. Y un planeta mediano, del tamaño de Saturno, era hasta ahora algo casi imposible de ver.
El primer planeta solitario confirmado oficialmente
El profesor Andrzej Udalski, de la Universidad de Varsovia, en Polonia, es una de las figuras claves del proyecto, y ha destacado la importancia del descubrimiento en materia técnica. «La masa es el parámetro principal para decidir la clasificación como planeta», afirma. Al haber logrado medirla con exactitud gracias a la colaboración con Gaia, este cuerpo celeste se convierte técnicamente en el primer planeta errante de libre flotación confirmado de la historia.
Por tanto, deja de ser un candidato con muchas posibilidades a un planeta real. Su existencia confirma que el espacio interestelar no está tan vacío como pensamos, sino que podría estar poblado por millones de estos planetas solitarios e invisibles que navegan en silencio.
La precisión de la medición ha sido tal que ha permitido descartar que se tratara de una enana marrón (una estrella fallida) o de un objeto de otra naturaleza. Es, sin lugar a dudas, un planeta que, por algún motivo dramático, se encuentra solo en la noche eterna.
