Hoy, 5 de agosto de 2025, es uno de los días más cortos de la historia moderna. Aunque parezca imperceptible, el planeta ha acelerado su rotación lo suficiente como para recortar unos 1,51 milisegundos del día. Puede que no notes la diferencia al mirar el reloj, pero bajo nuestros pies está ocurriendo algo que ni los expertos acaban de comprender, y que tratamos de explicarte en este post.
Lo más sorprendente es que este fenómeno se veía venir, ya que la Tierra lleva meses dando señales de que algo ha cambiado en su dinámica interna. A lo largo de este verano, varios días ya se han acortado más de lo habitual, y las cifras no dejan lugar a dudas. El 9 de julio se redujo entre 1,30 y 1,36 milisegundos, y el 22 de julio otro tanto. Sin embargo, el récord reciente sigue siendo el del 5 de julio de 2024, cuando el planeta giró 1,66 milisegundos más rápido. Lo que está ocurriendo ahora es parte de una tendencia que pone en jaque los modelos científicos establecidos.
Durante décadas, se asumió que la Tierra giraba cada vez más lento. Ese ha sido siempre el consenso, debido al rozamiento de las mareas, la influencia de la Luna y otros factores naturales, que podían provocar una ralentización progresiva. Sin embargo, desde hace unos años ese patrón parece estar cambiando, y algunos días como hoy se están acortando inesperadamente. El motivo exacto aún es un misterio, pero las hipótesis ya están surgiendo.
Lo que se sabe es que el tiempo que tarda la Tierra en completar una rotación completa nunca ha sido exactamente de 24 horas. Esa cifra redonda es solo una media. En realidad, la duración de un día varía constantemente por la interacción de factores astronómicos, geológicos y atmosféricos. Para detectar esos cambios con precisión, los científicos recurren a herramientas de altísima sensibilidad, como relojes atómicos que no se desvían ni un segundo en millones de años, redes de radiotelescopios capaces de detectar señales de galaxias lejanas para calcular la posición de la Tierra, y sistemas GPS que registran hasta el más mínimo movimiento. Gracias a ellos, sabemos con exactitud cuándo un día es más corto o más largo de lo normal.
Pero lo que realmente ha sorprendido a la comunidad científica es que la aceleración actual no se corresponde con los patrones conocidos. No hay un evento atmosférico o un fenómeno geológico que pueda explicarlo de forma clara. Una de las teorías más comentadas apunta directamente al núcleo de la Tierra.
¿Qué hipótesis se plantea?
Una de las hipótesis principales, respaldada por científicos como John Vidale de la Universidad del Sur de California en un estudio para Nature Geoscience, apunta a deformaciones o una redistribución de masas en el núcleo interno de la Tierra. Al mismo tiempo, investigadores como Yi Yang y Xiaodong Song, de la Universidad de Pekín, han documentado en la misma publicación una posible detención en la rotación del núcleo interno, correlacionada con ciclos multidecadales que afectan a la duración del día. Algunos investigadores creen que están ocurriendo cambios en las capas más profundas del planeta, y que esa alteración en el equilibrio interno podría estar provocando esta variación en la rotación.
También se está considerando la por los glaciares que se están derritiendo, además del movimiento de las placas tectónicas o incluso la posición de la Luna respecto al eje terrestre. Cuando nuestro satélite se sitúa en ciertos ángulos, reduce su fricción gravitacional sobre el planeta, permitiendo que este gire más deprisa.
Todo esto podría parecer anecdótico si no fuera porque los efectos colaterales pueden ser importantes. Aunque una diferencia de milisegundos no tenga impacto en la rutina diaria de las personas, sí lo tiene en los sistemas tecnológicos que requieren una sincronización perfecta. Hablamos del GPS, las bolsas de valores, los satélites, las redes de telecomunicaciones e incluso los sistemas de predicción meteorológica. Una desviación acumulada, por mínima que sea, puede alterar operaciones críticas en todo el mundo.
¿Cómo se mide la duración de un día con tanta precisión?
La medición se basa en dos tecnologías clave. Por un lado, una red global de relojes atómicos, que ofrecen una referencia de tiempo extraordinariamente estable. Por otro, la técnica de Interferometría de muy larga base (VLBI), que utiliza radiotelescopios para observar cuásares lejanos y determinar la orientación exacta de la Tierra en el espacio. La comparación entre el tiempo astronómico (rotación) y el tiempo atómico (UTC) revela estas minúsculas variaciones.
Lo más inquietante es que, si esta tendencia se mantiene, podríamos enfrentarnos a la decisión sin precedentes de restar un segundo al reloj oficial. Desde 1972 se han añadido segundos intercalares cuando la Tierra giraba más despacio, pero nunca se ha hecho lo contrario. Saltarse un segundo (pasar de las 23:59:58 directamente a las 00:00:00) sería un hito sin precedentes que ya está siendo evaluado por los organismos responsables del tiempo universal coordinado.
