Siempre se ha creído que para que se origine un agujero negro, primero se necesitaba una estrella gigante que debía morir y colapsar sobre sí misma. Sin estrella, no había agujero negro, al menos hasta ahora, ya que el Telescopio Espacial James Webb ha descubierto algo que cambia esta teoría.
Se trata de un monstruo con una masa que es 50 millones de veces superior a la de nuestro Sol. Además, está flotando en soledad y no hay estrellas que expliquen su nacimiento.
El 2026 ha comenzado con la comunidad científica perpleja. El James Webb ha captado un agujero negro que sería la primera evidencia visual de un agujero negro primordial, un objeto que hasta ahora solo existía en la teoría de los físicos matemáticos.
Boyuan Lio, investigador de la Universidad de Cambridge, ha analizado los datos y ha explicado la importancia del descubrimiento. «Esto es un rompecabezas, porque la teoría tradicional dice que primero se forman las estrellas, o al menos se forman junto con los agujeros negros», explica Liu.
La lógica astrofísica dice que un agujero negro de 50 millones de masas solares necesita alimento para crecer tanto. Ese alimento suele ser el gas y las estrellas de su galaxia anfitriona. Sin embargo, en Abell 2744-QSO1, el agujero negro es el rey absoluto de un reino vacío en el que no hay nada, por lo que, según las reglas que se conocen hasta ahora, no tiene sentido.
Al ver que los modelos estándar de colapso estelar no podían explicar la existencia de este gigante solitario, el equipo de Liu decidió mirar hacia el año 1974, cuando Stephen Hawking y Bernard Carr propusieron la existencia de los agujeros negros primordiales. Según su hipótesis, estos objetos no nacen de estrellas muertas, sino que se formaron directamente del caldo denso y caliente del Big Bang, colapsando por las fluctuaciones en la densidad del universo apenas unos segundos después de su nacimiento.
Se confirma la teoría de Hawking
Para comprobar si esta teórica era posible, a pesar de que era improbable, los investigadores realizaron complejas simulaciones por ordenador recreando las condiciones de los primeros cientos de millones de años del universo. Y, por primera vez, las matemáticas encajaron con lo que se estaba observando.
Las simulaciones mostraron que un agujero negro primordial podría haber sobrevivido y crecido hasta alcanzar esa masa descomunal sin estrellas a su alrededor. «Con estas nuevas observaciones que las teorías normales de formación luchan por reproducir, la posibilidad de tener agujeros negros primordiales masivos en el universo temprano se vuelve más viable», asegura Liu.
Los cálculos no solo coincidieron en el tamaño, sino también en la composición química y la masa estelar circundante (o la falta de ella). Según Roberto Maiolino, también de la Universidad de Cambridge y parte del equipo del proyecto, el hecho de que las simulaciones coincidan con las propiedades de QSO1 es «muy interesante y alentador». Estaríamos ante la validación de una clase de objeto celeste nunca antes visto.
¿Cómo creció tan rápido?
A pesar del entusiasmo, el misterio no está resuelto del todo, ya que todavía hay flecos sueltos a los que los expertos no consiguen encontrarles explicación, como el tamaño desmesurado que tiene. Según las simulaciones que se habían hecho sobre este tipo de fenómenos, deberían alcanzar, como mucho, una masa de 1 millón de soles. Pero el objeto detectado por el James Webb es 50 veces más grande.
La hipótesis para explicar su rápido y brutal crecimiento sería que viajan en grupo, y podría ser un agujero negro formado a partir de la fusión de varios agujeros negros.
