A menudo vuelve el eterno debate sobre la vida alienígena. De hecho, fue el cometa 3I Atlas el que estuvo en boca de todos porque podía ser una nave extraterrestre, pero la verdadera pista sobre dónde pueden esconderse estas criaturas podría estar escrita en la química de las estrellas muertas.
Durante décadas, hemos repetido la poética frase de Carl Sagan de que «somos polvo de estrellas», asumiendo que el universo cocina los ingredientes de la vida de manera más o menos uniforme. Sin embargo, un nuevo descubrimiento astronómico acaba de poner patas arriba todo esto.
Los restos de una violenta explosión estelar, conocida como Cassiopeia A, han revelado una sorpresa mayúscula. Escondidos entre los escombros cósmicos de la supernova más joven conocida de nuestra galaxia, los científicos han encontrado niveles inesperadamente altos de dos elementos químicos que no deberían estar allí en tal cantidad. Este hallazgo podría obligarnos a redibujar el mapa de la Vía Láctea para identificar qué zonas posibilitan la vida y cuáles no.
Según una investigación recogida por el medio científico New Scientist, lo que se ha encontrado en los restos de esta estrella muerta podría ser la clave para entender cómo se distribuyen la biología del cosmos.
Cloro y potasio donde no deberían estar
Para entender la magnitud de lo que estamos hablando, tenemos que explicarlo desde un plano atómico. Las supernovas son las grandes fábricas del universo, y cuando explotan, dispersan elementos como el oxígeno, el carbono o el magnesio. Todos estos elementos poseen un número par de protones en su núcleo (elementos «par-Z»). Estos, son estables y fáciles de producir por una estrella.
Sin embargo, los elementos con un número impar de protones (elementos «impar-Z»), como el cloro y el potasio, son mucho más inestables y difíciles de crear. Y según los modelos teóricos de evolución galáctica, siempre se ha dicho que estos elementos deberían ser escasos.
Pero Cassiopeia A ha cambiado esta teoría. Gracias a la misión XRISM (Misión de Espectroscopía e Imágenes de Rayos X), lanzada en septiembre de 2023, un equipo liderado por Kai Matsunaga, de la Universidad de Kioto (Japón), ha logrado analizar con una precisión inédita los rayos X que emiten estos escombros calientes.
Al comparar las señales, los investigadores vieron que la explosión había producido cantidades de cloro y potasio muy superiores a lo que cualquier simulación por ordenador había podido prever. «Los orígenes de estos elementos impares han sido inciertos durante mucho tiempo», afirma Matsunaga, confirmando que este hallazgo obliga a los teóricos a replantearse cómo las grandes estrellas crean estos elementos antes de morir.
¿Por qué es importante que haya más cloro o potasio en el espacio?
La explicación es que estos elementos no son desechos estelares sin más, ya que son claves para la vida tal y como la conocemos. Por un lado, el potasio es esencial para el funcionamiento celular, regulando desde los impulsos nerviosos hasta el equilibrio de fluidos. Por su parte, el cloro es un componente fundamental de los océanos (la sal es cloruro de sodio) y juega un papel vital en la química biológica.
Sabiendo todo esto, si ciertas supernovas, como es el caso de Cassiopeia A, son capaces de llenar el espacio de grandes cantidades de estos elementos, la distribución de los ingredientes para la vida podría no ser uniforme. Esto significaría que en la Vía Láctea podría haber zonas llenas de estos elementos, ideales para la formación de planetas habitables, y otras donde la vida tendría muchas más dificultades para poder darse.
