En 2025 el contraste entre Samsung y LG ha sido tan contundente como incómodo para Seúl. Mientras que la reina de los móviles se ha revalorizado más de un 110% en la bolsa, la firma presidida en España por Jaime de Jaraiz Lozano apenas se ha revalorizado un 10% en un ejercicio donde prácticamente todas las empresas tecnológicas han crecido exponencialmente. Las diferencias no son un accidente ni una anomalía estadística: son el reflejo de decisiones estratégicas erróneas, fracasos acumulados y, sobre todo, de estar en el lugar equivocado cuando corresponde.
El mercado ha hablado: la IA y los chips mandan
El boom tecnológico tiene un eje claro: la inteligencia artificial. Y dentro de esa historia, los verdaderos ganadores no son necesariamente quienes venden productos “inteligentes” como lavadoras o frigoríficos, sino quienes controlan los componentes críticos de la infraestructura: semiconductores, memoria avanzada y los que tienen capacidad de fabricación a gran escala. La empresa más valiosa en el mundo es NVIDIA y hace apenas unos años nadie diría que Apple perdería este trono. La famosa lo ha cambiado todo y en Corea del Sur ha marcado las distancias de forma preocupante para LG.
Mientras que Samsung encaja perfectamente en ese relato de la IA. Sus vecinos siguen centrados en las televisiones de OLED que si hace años presumían de ofrecer el único negro puro, ahora dicen que son los únicos que ofrecen el blanco puro y usan a los protagonistas de la sociedad de la nieve para sus campañas de marketing.
Samsung es uno de los mayores productores mundiales de memoria DRAM y NAND, elementos esenciales para centros de datos, modelos de IA generativa y computación cuántica. Cuando el mercado busca exposición a la inteligencia artificial, Samsung aparece como una apuesta directa.
LG, en cambio, no juega esa partida. Su negocio principal sigue centrado en electrodomésticos, televisores, aires acondicionados y soluciones industriales. Son actividades con márgenes históricamente limitados y que además compiten con marcas chinas que tecnológicamente están por encima y además son mucho más competitivas. Xiaomi, Haier, son solo algunos ejemplos de marcas que han sabido penetrar en el hogar restando cuota de mercado a los coreanos.
La consecuencia es clara: el mercado no castiga a LG por hacerlo mal, sino por ser irrelevantes en este negocio que está cambiando el mundo.
El pecado original: móviles, años de pérdidas y una retirada humillante
Para entender la desconfianza estructural que pesa sobre LG, hay que volver a su fracaso más emblemático: los teléfonos móviles. ¿Alguien se acuerda de los LG Optimus o su apuesta por un smartphone 3D?
Durante más de diez años, la firma coreana intentó competir en el segmento de los smartphones frente a Apple, Samsung y, más tarde, los fabricantes chinos. El resultado fue una sucesión de equipos terriblemente posicionados, innovaciones que llegaban tarde y una comunicación de marketing desastrosa que dejó cuotas de mercado paupérrimas en los principales mercados.
Cuando la firma surcoreana anunció su salida definitiva del mercado móvil en 2021, el mensaje fue percibido como un fracaso estratégico que mermaba la credibilidad de la compañía. Además, la decisión tenía un doble impacto, perdiendo el smartphone que es el dispositivo más utilizado por una persona, perdía el acceso al ecosistema que conecta con otros dispositivos del hogar. Empresas como Apple, Samsung o Xiaomi saben de la importancia de tener un ecosistema y que los equipos hablen entre sí.
Márgenes estrechos y nula innovación
LG hace gala cada vez que presenta resultados de mejorar sus ingresos pero los inversores no compran estabilidad, el mercado quiere crecimiento y sobre todo futuro aunque conlleve una inversión fuerte en CAPEX o apalancamiento.
En términos de márgenes, LG sigue atrapada en una realidad incómoda: vende mucho y gana relativamente poco. Electrodomésticos y televisores son negocios maduros, donde cada punto de cuota se logra a costa de precio, promociones o mayores costes comerciales. La competencia china ha intensificado esta presión, incluso en gamas medias y altas. Además, la ventaja competitiva que tenía anteriormente con el OLED se ha disipado. Samsung lidera la venta de televisiones desde hace diecinueve años y además ha conseguido adueñarse de la IA en sus productos para llamar la atención del consumidor.
Hoy, fabricar buenos televisores no es una barrera de entrada infranqueable. El ejemplo más claro lo tenemos en el sector de la automoción donde las empresas chinas están fagocitando a las europeas que no han sabido adaptarse. Tampoco es complicado producir electrodomésticos fiables. La diferenciación se ha desplazado hacia el software, los ecosistemas cerrados y la innovación. En ese terreno, LG está perdiendo la batalla y la bolsa está siendo su el fiel reflejo de su errática estrategia.
Samsung es 37 veces más grande que LG
La comparación con Samsung es inevitable y, para LG, cruel. Ambas comparten origen en Corea del Sur, cultura industrial y alcance global. Pero mientras Samsung ha sabido reinventarse alrededor de los semiconductores y la IA —justo cuando el mercado más lo demandaba—, LG parece estar siempre un paso por detrás de la tendencia dominante. El resultado es que según datos de Comparably, Samsung supera los 263.000 millones de dólares de capitalización mientras que LG se queda en apenas 7.000 millones.
La tibia evolución bursátil de LG no es fruto de mala suerte ni de incompetencia técnica. Es el resultado acumulado de haber fallado en momentos clave: perder el tren del móvil, no construir un ecosistema digital propio y quedar fuera del núcleo duro del boom de la IA. Si a eso le añadimos una estrategia de marketing errática los resultados son más que merecidos. Ni siquiera ha cumplido con sus compromisos publicitarios y es que la empresa aseguró que plantaría 47 millones de árboles anuales en España y no hay evidencia alguna de que esto se haya producido. Un incumplimiento más de una empresa que está a la deriva.
