El control absoluto de los sistemas operativos móviles ha permitido a los gigantes de Silicon Valley imponer sus propios servicios digitales por encima de cualquier competidor externo. En la línea de Apple, Google ha hecho que comprar un dispositivo Android implicara aceptar su IA como asistente nativo por defecto y que las funciones inteligentes estuviesen monopolizadas por las herramientas de Google.
Sin embargo, esto parece tener fecha de caducidad, ya que la Unión Europea ha decidido intervenir, obligándola a desmantelar sus barreras de código para que los modelos de IA de la competencia también puedan hacer las mismas funciones en sus dispositivos que la IA nativa Gemini.
Ecosistema abierto
La restricción a la que se enfrentaban los desarrolladores europeos era evidente: mientras que Gemini gozaba de un acceso total a los recursos del sistema operativo, las alternativas de IA de la competencia se veían relegadas a un plano secundario, estando limitadas. Según ha comunicado hace unos minutos la Comisión Europea, bajo el amparo de la Ley de Mercados Digitales (DMA), esto era una muestra de desigualdad y algo que desequilibraba el mercado, restando a su vez atractivo al resto de modelos. Recordemos que, solo en Europa, el 60 % de los usuarios utiliza Android a diario.
La nueva directiva obliga a Google a conceder una interoperabilidad total y efectiva a los asistentes de IA de terceros a partir de julio de 2027. Estas serán las funciones que Google debe permitir a la IA de la competencia:
- Activación por voz: Los usuarios podrán invocar y activar su inteligencia artificial preferida mediante comandos de voz personalizados, de manera idéntica al clásico «Hey Google».
- Control y automatización de aplicaciones: Las IA externas tendrán permiso para ejecutar acciones complejas dentro de otras aplicaciones en nombre del usuario, como reservar un taxi de forma autónoma, sugerir respuestas contextuales en chats o analizar lugares visitados recientemente.
- Más seguridad: La normativa incorpora estrictos protocolos de protección para asegurar que la apertura de la API del sistema no comprometa la privacidad del usuario, la integridad del hardware ni la ciberseguridad ante ataques externos.
Sacrificio de Google
La ofensiva reguladora de Bruselas no se limita a la interfaz física de los teléfonos inteligentes, sino que ataca directamente el activo más valioso e históricamente protegido de la corporación americana: su motor de búsqueda.
Para equilibrar el tablero, las autoridades comunitarias han diseñado una segunda batería de medidas para reconfigurar por completo la recogida y optimización de datos en la red. En virtud de esta normativa, Google estará obligado a ceder los datos de consulta que recopila de manera masiva a los motores de búsqueda competidores y a los chatbots de inteligencia artificial que integren funciones de localización de información. Esta medida será obligatoria a partir de enero de 2027, rompiendo así uno de los mayores monopolios de datos del sector tecnológico.
Con el objetivo de blindar la privacidad de los usuarios durante este trasvase, Bruselas aplicará un método de cifrado y anonimización en varias fases desarrollado en estrecha colaboración con el Comité Europeo de Protección de Datos (EDPB), garantizando que ninguna consulta desvele la identidad de los ciudadanos europeos conforme al estricto marco del GDPR. Asimismo, para evitar que la multinacional ponga trabas económicas al proceso, el dictamen establece una fórmula financiera justa y transparente que fijará un precio de coste equitativo para los competidores, impidiendo la imposición de tarifas prohibitivas que puedan anular la efectividad de la ley.
