Con el invierno ya aquí, pasamos más horas que nunca en casa, y la factura de la luz vuelve a preocupar a todas las familias. Apagamos las luces al salir de una habitación, intentamos poner la lavadora en las horas valle y controlamos la calefacción, pero tu dinero se va por otro lado. Hablamos del consumo fantasma, ese que hace que pagues por electricidad que no estás disfrutando.
Cuando te vas a dormir, apagas la televisión con el mando a distancia hasta que ves la pantalla en color negro y crees que todo ha terminado y estás listo para entrar en la cama. Sin embargo, el televisor tiene un botón rojo que queda encendido, y que anuncia que la maquinaria interna sigue trabajando y, como consecuencia, consumiendo vatios.
Según datos del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), los aparatos en modo de espera o stand-by pueden llegar a representar cerca del 10 % del consumo total de energía de un hogar medio en España. Y teniendo en cuenta que actualmente cada céntimo cuenta, regalar ese porcentaje a las eléctricas por simple desconocimiento es un lujo que nadie debería permitirse. Y el problema es que los mayores culpables suelen estar todos en el salón.
El botón de apagado no corta la luz
La clave de esta cuestión está en cómo ha evolucionado la tecnología. Hace treinta años, cuando apagabas un televisor de tubo pulsando el botón físico, se cortaba el circuito, pero hoy en día, la electrónica moderna rara vez se apaga por completo. En su defecto, entra en suspensión.
Los dispositivos actuales están diseñados para la inmediatez. Queremos que la tele se encienda en dos segundos, que la consola descargue actualizaciones mientras dormimos, para que esté lista para jugar en todo momento, o que el altavoz inteligente nos escuche si le gritamos desde la cocina. Para lograrlo, los aparatos mantienen sus fuentes de alimentación activas y sus procesadores en un estado de latencia, esperando una señal.
Esto implica, como es normal, un consumo de vatios extra que, aunque parezca insignificante unidad por unidad, se acumula. Si sumas las 24 horas del día durante los 365 días del año, el resultado es una cantidad de kilovatios hora sorprendente, que además se paga a precio de oro.
Los 3 productos que nunca se apagan
- Smart TV: Las televisiones modernas, especialmente las de gran pulgada y aquellas que tienen tecnología OLED o QLED, son prácticamente un ordenador. Y cuando le das al botón de apagado del mando, realmente se ponen en modo reposo, por lo que siguen conectadas a la red Wi-Fi y mantienen los puertos HDMI activos. Dependiendo del modelo y la antigüedad, un televisor en stand-by (reposo) puede consumir entre 1 y 3 vatios por hora. Parece poco, pero es un gasto continuo.
- Videoconsolas de nueva generación: Las consolas modernas, como la PlayStation 5 o la Xbox Series, vienen configuradas a menudo con modos de inicio rápido o reposo. Esto permite retomar la partida donde la dejaste o descargar juegos de fondo, pero tiene un coste. En este modo, la consola puede llegar a consumir mucho más que una televisión en espera.
- Decodificador de TV: Muchas compañías de telefonía instalan un decodificador para ver el fútbol o las series incluidas en su tarifa. Este aparato, que incluso si lo tocas cuando la tele está apagada, puede sentirse caliente, es uno de los que más energía pueden estar consumiendo. No suelen tener modos de ahorro de energía reales y su transformador está consumiendo electricidad constantemente para mantener la señal decodificada lista para cuando quieras verla. Al estar encendidos todo el tiempo, su impacto anual en la factura es desproporcionado para la función que cumplen.
¿Cuál es la solución?
Para evitar esta situación, lo mejor es instalar una regleta con interruptor, desde la que puedan cortar la energía de todos los dispositivos y aparatos que se alimenten de la corriente a través de ella.
