Vivimos uno de los periodos más tensos de las últimas décadas en lo que a geopolítica se refiere. La OTAN nunca se había enfrentado a un potencial ataque de su principal socio a otro de sus integrantes, como se plantea actualmente, y eso abre un mundo de posibilidades y teorías. Pero, sobre todo, destaca la necesidad de que Europa se distancie definitivamente de los medios de pago estadounidenses.
Crear un Bizum europeo ha sido una de las prioridades de la Unión Europea desde hace una gran cantidad de años. Con el objetivo de conectar todas las plataformas de pago inmediato de la UE, desde Bruselas se buscaba ofrecer a los ciudadanos la posibilidad de diseñar un sistema de transferencias inmediatas que fuese mucho más sencillo que el que ofrecen actualmente las entidades bancarias.
Sin embargo, lo que nadie se esperaba cuando el BCE comenzó a hablar de este proyecto es que iba a necesitar de un importante impulso para tener una solución lista cuanto antes y, de este modo, reducir la excesiva dependencia que tenemos actualmente de proveedores como Visa, Mastercard o Apple Pay, entre otros. Sin embargo, la llegada de la Administración Trump y sus recientes movimientos y declaraciones, especialmente en lo relativo a Groenlandia, ha acelerado los planes.
El problema de depender de las plataformas estadounidenses
Durante décadas, en Europa hemos utilizado nuestras tarjetas Visa y Mastercard sin pensar en los lazos que estábamos construyendo transacción tras transacción con Estados Unidos. Al margen de Bizum, iniciativa que fue creada por las distintas entidades nacionales, pocas opciones más allá de las ya mencionadas existían para nuestros pagos del día a día.
A las acciones militares realizadas recientemente por el ejército de Estados Unidos en Venezuela le han seguido un sinfín de declaraciones en una dirección bastante similar hacia Groenlandia, lo que ha llevado a Dinamarca, a la OTAN y a la Unión Europea a hablar del nuevo colonialismo de las grandes potencias. Y en este punto, uno de los temas más relevantes es cómo conseguir reducir la dependencia de los sistemas de pago estadounidenses tras décadas de uso.
Objetivo: dotar a la UE de la máxima autonomía
El tablero geopolítico ha cambiado. Lo que hace unos meses se podía considerar el gran aliado de la Unión Europea ha pasado a convertirse en una relación desgastada y tensionada de la que es necesario salir cuanto antes.
Asegurar la economía del pueblo europeo es una de las grandes prioridades que se deben cumplir para andar en esa dirección y restar vulnerabilidad a la Unión Europea. Y en este contexto, el Bizum europeo tiene que convertirse en una realidad cuanto antes, junto con el euro digital.
| País/Región | Sistema Local | Usuarios Activos (aprox.) | Estado de Integración Previsto |
|---|---|---|---|
| España | Bizum | 23.5 millones | Q1 2026 |
| Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos | Wero | 41 millones | Plataforma nativa EPI (ya operativa) |
| Italia | Bancomat Pay | 18 millones | Q3 2026 |
| Portugal | MB Way | 4.5 millones | Q2 2026 |
El Bizum europeo, un arma política más
El Bizum europeo siempre se ha visto como el clásico objetivo hacia el que había que avanzar, pero su llegada definitiva a nuestros dispositivos podía demorarse todo el tiempo que fuera necesario. La actitud estadounidense ha cambiado por completo el paradigma y ha obligado a que los tres sistemas que actualmente integran la Alianza de Pagos Europea deban acelerar para interconectarse este mismo año, junto con Wero, la plataforma lanzada por la Iniciativa de Pagos Europea.
En total, se espera que Bizum (España), MB Way (Portugal), Bancomat (Italia) y Wero (Alemania, Francia, Bélgica y Países Bajos), actúen como si de una misma plataforma se tratase y se pueda crear una red de pagos instantáneos que esté presente en todos los países.
Para ello, no solo será necesario desvincularse de EEUU. Además, también se deberán de independizar de las transacciones usuario-usuario y desarrollar sus servicios usuario-comercio.
De manera paralela, la Unión Europea deberá continuar avanzando, y hacerlo a una velocidad mayor, para que el euro digital se convierta en una realidad y pueda ofrecer al viejo continente una mayor libertad de movimientos sin depender de soportes de pago que llevan años instaurados en nuestro comportamiento.
