En las últimas semanas estamos sufriendo en gran parte de España una importante subida de las temperaturas. Esto, a pesar de todas las cosas buenas que trae consigo, cambia el funcionamiento de otras, de modo que tus tareas diarias también se ven afectadas. Si en los últimos días has notado que los ventiladores de tu ordenador no dejan de girar a máxima potencia incluso realizando tareas sencillas, o si el chasis quema al tacto, venimos a darte la solución.
Antes de nada, hay que tener en cuenta que los ordenadores portátiles son, por diseño, ecosistemas térmicos extremadamente sensibles y frágiles, donde el espacio para la disipación es mínimo.
Un portátil que se calienta en exceso no solo es molesto por el ruido. Digamos que es un equipo que está sufriendo lentamente, ya que el calor es el mayor enemigo de los componentes electrónicos, acelerando la degradación de las soldaduras y reduciendo la capacidad de almacenamiento de energía de la batería de forma irreversible.
Qué es el Thermal Throttling
Seguramente habrás notado que, tras un rato de uso bajo el sol o en una habitación calurosa, el ordenador empieza a ir a tirones. Esto viene derivado del thermal throttling, o dicho en español, estrangulamiento térmico, que no es otra cosa que un mecanismo de defensa que integran fabricantes como Intel o AMD para evitar que el silicio del procesador se funda. Cuando los sensores internos detectan que se alcanzan temperaturas críticas en torno a los 90-100°C, la placa base ordena bajar la frecuencia de reloj del procesador.
De esta forma, se logra que el equipo consuma menos energía y genere menos calor, pero se vuelve muy lento. Este proceso es automático, pero si se mantiene de forma prolongada, termina por dañar los condensadores cercanos al socket del procesador. Por tanto, si tu ordenador suena mucho, quiere decir que como último recurso, los ventiladores están girando a 5.000 o 6.000 revoluciones para tratar de expulsar el aire.
De hecho, este aire que viaja por dentro del portátil no está limpio, ya que contiene partículas de polvo, fibras de ropa y pelos de mascotas. Con el tiempo, estos elementos forman una especie de fieltro en las rejillas de salida del disipador. Por mucha potencia que tengan tus ventiladores, si esa rejilla está obstruida, el calor se queda estancado en el interior.
Además, debemos mencionar la pasta térmica, la encargada de transferir el calor desde el chip hasta el disipador de cobre. Con los años, y especialmente tras varios veranos intensos, esta pasta se reseca y pierde sus propiedades conductoras, por lo que las temperaturas del equipo se elevan entre 10 y 15 grados.
Cómo mantener tu ordenador fresco
- Superficies duras, siempre: El error más común es usar el portátil sobre la cama, el sofá o, peor aún, sobre las rodillas. Las mantas y tejidos obstruyen las rejillas de entrada de aire inferiores. El simple gesto de elevar la parte trasera del portátil apenas un centímetro con un elevador o un libro pequeño puede mejorar el flujo de aire de forma drástica.
- Limpieza con aire comprimido: Sin necesidad de abrir el equipo, puedes usar un bote de aire comprimido para soplar por las rejillas de ventilación. Hazlo siempre con el equipo apagado y mediante ráfagas cortas para evitar que los ventiladores giren en sentido contrario y generen electricidad estática.
- Gestión del rendimiento de Windows: En los ajustes de energía, cambia el modo a «Mejor eficiencia energética». Esto limita los picos de voltaje del procesador y, aunque pierdas un 5 % de potencia bruta, tu equipo será más silencioso y no se calentará tanto.
