En un movimiento estratégico aprobado por el Consejo de Ministros, el Gobierno de España ha dado luz verde a uno de los paquetes de ayuda militar más sofisticados hasta la fecha. Hablamos de la entrega a las Fuerzas Armadas de Ucrania de un radar Lanza LTR-25, una de las joyas de la corona de la industria de defensa nacional.
Esta tecnología, desarrollada por Indra, está hecha para detectar desde misiles balísticos hasta cazas de quinta generación. Para Ucrania, esta cesión es muy importante, sobre todo por la tecnología de «haz de lápiz» y su capacidad de supervivencia en entornos hostiles.
La decisión fue tomada en los primeros días de este año y supone un salto cualitativo en el apoyo aliado a Kiev. El contrato, valorado en 37 millones de euros y con vigencia de ejecución inmediata hasta finales de año, además de la entrega del hardware, también incluye todo el soporte logístico necesario.
Cómo funciona el Lanza LTR-25
Según detalla el medio especializado en defensa Zona Militar, el Lanza LTR-25, cuyas siglas vienen de Long Range Tactical Radar, o radar táctico de largo alcance, destaca por integrar una arquitectura de exploración tridimensional (3D) basada en la tecnología pencil beam.
Y no se trata de un radar clásico que explora el cielo en busca de enemigos, ya que en este caso, su tecnología permite concentrar la energía en puntos muy específicos del espacio, con una precisión milimétrica en la localización de objetivos. Esto es vital en Ucrania, donde el espacio aéreo está saturado de drones y otros sistemas. Los sistemas rusos intentan constantemente cegar los radares ucranianos mediante interferencias.
El LTR-25 de Indra está diseñado específicamente para operar en estas condiciones adversas. Su capacidad de detección y procesado le permite filtrar las interferencias y ver los aviones enemigos que tratan de camuflarse. Además, el sistema da las coordenadas completas del blanco, incluyendo la altitud exacta, dato que los radares 2D antiguos no pueden ofrecer y que es fundamental para guiar a las baterías antiaéreas (como los sistemas Patriot o NASAMS) para derribar al enemigo.
Detección precisa y versatilidad
Sin embargo, en la guerra de Ucrania, un aparato que no puede moverse y actuar en distintos escenarios está condenado al fracaso, y en este caso, a la muerte o a la destrucción. Esto es especialmente común teniendo en cuenta que los radares son objetivos prioritarios para los misiles antirradiación enemigos. Aquí es donde el LTR-25 justifica ser considerado un dispositivo táctico.
El diseño de Indra permite un despliegue y repliegue rápido. El sistema no necesita una base de hormigón para ser montado y es transportable por carretera, ferrocarril e incluso puede llevarse en aviones de carga o helicópteros. Esta capacidad de movimiento permite a las fuerzas ucranianas aplicar tácticas de disparo y huida. En la práctica, por tanto, pueden encender el radar, detectar amenazas, transmitir los datos y cambiar de posición antes de que el enemigo pueda triangular su ubicación para devolverles el ataque.
Pero lo que realmente convierte a este radar en un activo estratégico es su capacidad de detección avanzada. Tal y como informaron fuentes del Ejército del Aire y del Espacio español durante sus pruebas, el Lanza LTR-25 tiene la sensibilidad necesaria para rastrear misiles balísticos tácticos y, lo más importante, aeronaves stealth, es decir, aquellas que son extremadamente difíciles de detectar por los radares. Esto incluye la capacidad teórica de ver cazas de quinta generación (como los Su-57 rusos), imposibilitando al enemigo esconderse o ser invisible.
Además, incorpora un avanzado sistema de Identificación Amigo o Enemigo (IFF/SSR). Este módulo interroga a las aeronaves y procesa las respuestas en múltiples modos cifrados, reduciendo drásticamente el riesgo de fuego amigo en un cielo tan congestionado como el ucraniano.
