Seguro que te ha pasado muchas veces. Hablas con un amigo sobre la necesidad de comprar unas zapatillas nuevas, y al rato, en tu Instagram o al entrar en Google, te aparece un anuncio exactamente del modelo que mencionaste. Esto, como es normal, hace creer a mucha gente que el móvil nos escucha, pero la realidad es muy diferente, aunque igual de invasiva.
La verdad es que las empresas no tienen necesidad de grabarte literalmente. De hecho, el procesamiento de voz a gran escala consumiría demasiada batería y ancho de banda, algo que los analistas detectarían de inmediato. Sin embargo, el cruce de metadatos, la geolocalización compartida y los identificadores de publicidad son herramientas tan potentes que pueden cumplir con la misma labor que lograrían si realmente nos estuviesen escuchando.
Cómo funciona esta publicidad
El debate sobre si el micrófono está activo escuchándonos siempre quedará ahí, pero quien tiene realmente la culpa es lo que se conoce como ID de publicidad. Tanto Google como Apple asignan a tu dispositivo un número único (AAID en Android e IDFA en iOS) que funciona como una especie de matrícula digital, que recopila qué apps abres, cuánto tiempo pasas en ellas y con quién te relacionas, entre otras cosas.
Si tu móvil y el de tu amigo están en la misma coordenada GPS durante dos horas y vuestras cuentas están vinculadas a intereses similares, el algoritmo asume que habéis compartido información. Si tu amigo busca «viajes a Japón» poco después de la reunión, hay una probabilidad altísima de que a ti también te aparezca ese anuncio. Y no han tenido que escucharte en ningún momento.
Los metadatos son, dicho de otra forma, datos sobre los datos. La clave, por tanto, no es el contenido de tu mensaje, sino a qué hora lo enviaste, desde dónde y a quién. Algunas aplicaciones utilizan sonidos imperceptibles para el oído humano que emiten ciertos anuncios de televisión o altavoces en tiendas físicas, y que el micrófono de tu móvil capta para saber exactamente qué estás consumiendo o dónde estás comprando. Por eso, es clave desactivar el permiso de micrófono para aplicaciones que no lo necesitan, ya que de ahí viene esa triangulación. Es decir, no es que tu móvil te escuche, sino que a través de otras apps, abre el micrófono, porque tú lo tienes permitido, y gracias a lo que escuchas sabe dónde estás y qué buscas.
Cómo evitarlo
La clave entonces está en la personalización de anuncios y el rastreo entre aplicaciones. Por eso, lo mejor es que hagas unos ajustes, y a continuación te detallamos cómo aplicarlos:
En dispositivos Android
Google es, ante todo, una empresa de publicidad, por lo que sus ajustes están algo más ocultos, pero se pueden acceder a ellos si sabes dónde buscarlos:
- Ve a Ajustes y busca la sección de Google.
- Entra en Gestionar tu cuenta de Google y selecciona la pestaña Datos y privacidad.
- Desliza hasta encontrar Anuncios personalizados. Aquí verás una lista de lo que Google cree que te gusta. Desactiva el interruptor principal.
- Después de ese paso, vuelve atrás y entra en Privacidad > Anuncios y selecciona Eliminar ID de publicidad. Esto borrará tu número de identificación y obligará al algoritmo a empezar de cero con tu perfil, sin conocer tus datos anteriores.
En iPhone (iOS)
Apple introdujo hace unos años una función revolucionaria llamada App Tracking Transparency, que ha puesto en jaque a empresas como Meta:
- Entra en Ajustes y pulsa en Privacidad y seguridad.
- Busca la opción Rastreo. Asegúrate de que la pestaña Permitir que las apps soliciten rastrearte esté desactivada. Esto impide que apps como Facebook sepan qué haces cuando sales de su aplicación.
- Dentro del mismo menú de Privacidad, baja hasta Publicidad de Apple y desactiva los Anuncios personalizados.
