Contratar una carísima línea de fibra óptica de 1 Gbps, como es mi caso con Digi, para acabar recibiendo apenas 40 megas en el dormitorio es uno de los mayores problemas a los que todos nos hemos tenido que enfrentar en algún momento. Tras haber probado todo y, durante años, utilizar un amplificador Wi-Fi y enchufarlo en el pasillo, me he dado cuenta de que la solución no pasa por ahí.
Nos hemos acostumbrado a culpar a las operadoras de la mala conexión, cuando el verdadero problema lo tenemos enchufado a la pared. Tras hacer mediciones exhaustivas, junto con el técnico de Digi, algo de lo que ya hablé en su día, he sustituido los clásicos repetidores económicos por un sistema Wi-Fi Mesh. El resultado, además de darme la razón, me ha hecho darme cuenta del dinero, el tiempo y la paciencia que he estado tirando a la basura.
Cómo funciona un repetidor
Cuando compramos un repetidor económico, creemos que lo que estamos haciendo es solo alargar o expandir la señal original de nuestro router, pero la arquitectura de estos dispositivos es también su mayor limitación. Estos repetidores tradicionales, sobre todo aquellos con más de 5 años, funcionan con un modo que se conoce como modo semidúplex.
Esto quiere decir que el procesador del aparato no puede recibir la señal del router y enviarla a tu móvil al mismo tiempo, por lo que tiene que alternar constantemente entre recibir y enviar la señal. Este tedioso y limitante proceso reduce tu ancho de banda a la mitad, por lo que si a tu repetidor le llegan 100 Mbps, en el mejor de los casos emitirá 50 Mbps. Si a eso le sumas los obstáculos físicos, como pueden ser paredes y puertas, la pérdida de megas es dramática.
Además, estos aparatos generan un problema de saturación que arruina la experiencia de usuario:
- Redes duplicadas: Crean una nueva red paralela (normalmente terminada en «_EXT»). Tu smartphone se queda conectado a la red original del salón aunque apenas le quede una raya de cobertura, obligándote a entrar en los ajustes para cambiar manualmente a la red del pasillo. Por suerte, en ocasiones el dispositivo es capaz de cambiar entre una y otra.
- Interferencias constantes: Al no haber una gestión inteligente de los canales radioeléctricos, el repetidor compite con el router principal, generando ruido electromagnético que empeora la estabilidad general de toda la casa.
Redes WiFi Mesh
Harto de sufrir cortes en las videollamadas de trabajo y ver cómo Netflix se pixelaba por las noches, di el salto a una red de malla, o lo que se conoce como WiFi Mesh. A diferencia del sistema anticuado de los repetidores, una red mesh consta de un nodo principal (conectado por cable al módem de tu operadora) y uno o varios nodos satélite repartidos estratégicamente por la casa.
La magia de este sistema está en que todos los nodos forman una única red unificada y se comunican entre sí mediante un canal inalámbrico dedicado. De esta manera, no sacrifican ni un solo mega de velocidad para retransmitir la señal a tus dispositivos, por lo que si pagas 600 Mbps, los nodos trabajan en sintonía para entregar esa misma velocidad en la otra punta del domicilio.
El verdadero salto de calidad que he experimentado tiene que ver con el cambio automático de nodo. La red Mesh está constantemente monitorizando la fuerza de la señal y la carga de trabajo de tu smartphone, portátil o consola. Cuando vas del salón a la cocina, el sistema te desconecta del nodo principal y te conecta al nodo secundario. Lo hace sin que se corte el vídeo que estás viendo o se caiga la llamada que estás realizando. Así, el dispositivo cliente ya no tiene que pensar a qué red conectarse.
Mi experiencia con las pruebas de velocidad tras la instalación ha sido demoledora. En la habitación más lejana, donde el repetidor de 15 euros me entregaba unos inestables 25 Mbps con altísima latencia, el nodo satélite Mesh me está ofreciendo 980 Mbps simétricos y un ping ridículo.
Es cierto que la inversión inicial es mayor (los sistemas básicos parten de los 100 euros), pero desde el punto de vista del rendimiento a largo plazo, es la única forma real y definitiva de amortizar la cara factura de internet que pagamos cada mes.
