Los centros de alimentación crecen en número y todas las compañías presentan resultados en positivo. La evolución de los precios y un cambio en los hábitos de compra tienen mucho que ver.
Las tiendas de alimentación se multiplican, y cada apertura se anuncia a bombo y platillo, como si fuera única y llegase para salvar a un núcleo poblacional desamparado. Pero lo cierto es que cada una se instala una junto a la siguiente, a escasos metros entre sí, y lo más curioso es que todas ellas están repletas de gente en varios momentos del día.
El elevado ritmo al que crece la apertura de supermercados nos obliga a hacernos una pregunta: ¿Hay suficiente población para tal cantidad y variedad de centros del mismo tipo?
Esta tendencia cada vez mayor a unir varios comercios similares en un radio de 100 metros parece escapar de toda lógica empresarial, pero al contrario de lo que pueda parecer, se trata de una estrategia de venta que también se aplica en otros sectores, como el de la hostelería y la decoración del hogar.
Se conoce como la Ley de Hotelling. El matemático que le da nombre justificó la necesidad de situarse al lado de tu competidor directo para no perder cuota de mercado. Ese espacio de convivencia será el lugar donde todos acudan cuando tengan algo que comprar.
Desde hace unos años, las grandes superficies, donde podías hacer la compra de comida, productos de limpieza e higiene de toda la quincena o del mes comparten espacio con centros más pequeños, reconocidos por sus productos específicos, y a los que los consumidores acuden en busca de una compra más ágil o de productos concretos. En un entorno de cercanía entre sí, somos capaces además de comparar precios y llevar a cabo decisiones de compra más responsables. Por ejemplo, adquirir productos de marca blanca de un supermercado que nos gusten especialmente, peor dejar la carne y el pescado para la carnicería o pescadería que sabemos que trae producto fresco a diario y más barato.
Si observamos los resultados económicos de unas y otras compañías de alimentación, todas ellas crecen, y precisamente uno de los motivos que lo hacen posible es su expansión, a través de la apertura de tiendas. ¿Significa que los españoles compramos mucho más que antes?
Subida de la cesta de la compra de 2020 a 2026
A punto de comenzar 2026, podemos afirmar que vender alimentos es un negocio mucho más rentable que hace 5 o 6 años. Aunque diversos acontecimientos hayan derivado en una subida de los costes de producción, las cuentas a final de año siguen saliendo en verde.
En un espacio de tiempo corto, los precios de la compra de alimentos han crecido cerca del 38%, con una evolución drásticamente diferente desde la crisis del COVID, según datos del Banco de España y estudios independientes. Estas cifras repercuten inevitablemente en una población con muy baja capacidad de ahorro: su salario se estanca pero uno de los gastos menos esquivables galopa a gran velocidad. El carrito mediano, que hace no tanto se llenaba de productos variados con 70 euros, supera ya en muchas ocasiones lo 100. Sobre todo, cuando entran en él determinados alimentos.
Los huevos, el chocolate, la carne, la leche y el café lideran la lista de productos con mayores subidas, seguidos de la proteína animal. Sólo en este año, el porcentaje de crecimiento supera las dos cifras en todos los mencionados, según datos del Instituto Nacional de Estadística.
Cada vez más supermercados, y todos llenos
Sólo en noviembre, Lidl abrió cinco nuevos centros en España. Aldi cerrará el año con 4 aperturas en el mes de diciembre. Y Mercadona continúa la expansión de su negocio ‘Listos para comer’ de comida preparada que puedes calentarte y degustar en el propio centro.
La inflación tiene parte de culpa en esta proliferación de supermercados. No sólo porque el crecimiento de beneficios para ellos es constante, sino también porque esta evolución de la inflación conduce a la población a realizar compras más pequeñas y con mayor frecuencia.
Una forma aparente de ahorro que consiste en administrar el presupuesto en función de la coyuntura semanal y mensual. Apretar cuando surgen gastos imprevistos y recurrir, cuando toca, al uso de productos básicos más económicos.
El ritmo de vida más acelerado y la expansión de los platos listos para ser consumidos también anima a visitas frecuentes de los centros de alimentación, que además de este modo ofertan alimentos mucho más caros. Un bucle del que parece difícil salir.
