El mosquito siempre ha sido uno de los enemigos del ser humano. Y no porque estén ahí siempre para molestarnos, sino porque transmiten una de las enfermedades más letales, cobrándose cientos de miles de vidas cada año, sobre todo de niños. Contra ellos, se ha intentado de todo, desde insecticidas hasta medicamentos y muchas vacunas, pero parece que por fin la humanidad está dando con la clave.
La idea de esta investigación no es la de protegernos de ellos, sino cambiarles a ellos desde dentro. El estudio lo adelanta el prestigioso medio científico New Scientist, y menciona una tecnología conocida como impulso genético para poner fin de una vez por todas a la malaria.
Las pruebas realizadas recientemente en un laboratorio de alta seguridad en Tanzania han confirmado que es posible modificar genéticamente a los mosquitos salvajes para que dejen de transmitir el parásito. Pero lo más importante es que han demostrado que esta modificación se propaga sola, funcionando entonces como una reacción en cadena a nivel biológico, que pondría fin a la enfermedad.
Qué es el impulso genético y cómo modifica el ADN
Antes de nada, hay que comprender por qué todos los métodos probados antes estaban fallando. Hasta ahora, si modificabas un mosquito y lo soltabas, sus genes alterados se diluían, ya que cada portador solo transmitía la mitad de sus genes a sus mosquitos predecesores. Pero el impulso genético termina con esto.
Lo hace usando la herramienta de edición genética CRISPR, con la que los científicos fuerzan a que el gen modificado se herede en casi el 100 % de la descendencia. De este modo, logran que se extienda rápidamente por toda la población, a pesar de que no les aporte ninguna ventaja a nivel evolutivo. En otras palabras, los genes ya no se escapan.
¿Qué se les inyecta a los mosquitos?
Para que dejen de ser letales, según explica George Christophides, investigador del Imperial College de Londres, la clave está en dos pequeñas proteínas ajenas al mosquito: una derivada de la abeja melífera y otra de la rana de uñas africana.
Los científicos vincularon los genes que producen estas proteínas antiparasitarias a una enzima que los mosquitos utilizan para digerir la sangre. Como resultado, cuando el mosquito pica y se alimenta de sangre, su propio intestino comienza a segregar estas proteínas de abeja y rana, las cuales atacan y bloquean el desarrollo del parásito de la malaria dentro del insecto. Si el parásito no puede sobrevivir dentro del mosquito, este no puede transmitirlo al picar a la siguiente persona, por lo que la cadena de transmisión se rompe.
Otro aspecto interesante y prometedor de este experimento es que las pruebas se han realizado con mosquitos locales de Tanzania, y se les ha atacado con parásitos de la malaria obtenidos directamente de niños infectados. En el resto de investigaciones que se habían realizado antes, las pruebas se hicieron con mosquitos criados en laboratorios, y ahí está la diferencia clave. Ahora sí se han probado en condiciones reales, y funciona.
Y los resultados no pueden ser mejores. Las pruebas han mostrado que la inhibición es total, y que los mosquitos modificados no solo producen las proteínas protectoras adecuadamente, sino que también impiden que la malaria se desarrolle en su interior. Todo un éxito.
Ahora, la idea es liberar estos mosquitos en una isla del lago Victoria, para poder monitorear su comportamiento y asegurarse de que el ADN modificado se expande correctamente. Y si este proceso tiene éxito, el fin de la malaria podría estar realmente cerca.
