El calendario no perdona y la meteorología, menos. El invierno ha decidido enseñar los dientes con una caída generalizada de los termómetros, a lo que se han sumado nevadas de la borrasca Kristin en prácticamente toda la mitad norte de la península, dejando escenas totalmente blancas incluso en Madrid.
Y con el mes de enero y todo su frío ya entre nosotros, las carreteras son mucho más peligrosas, con menos horas de luz que en otras estaciones y unas condiciones climáticas que complican todavía más la conducción, sobre todo por la lluvia y las heladas.
Ante este escenario, la Dirección General de Tráfico (DGT) ha emitido una serie de directrices técnicas cruciales para afrontar la conducción bajo condiciones adversas, recordando que la física del vehículo cambia radicalmente cuando el asfalto deja de estar seco.
Según los datos oficiales publicados por el organismo autónomo en su portal web, los fenómenos meteorológicos fueron el detonante de miles de siniestros el año pasado. La lluvia, el viento o el hielo son factores que alteran la adherencia y la respuesta del coche. La DGT ha querido poner el foco en cuatro grandes enemigos: la lluvia, el hielo, el viento y la niebla. Saber reaccionar ante cada uno marca la diferencia.
Peligro de las lloviznas
Solemos temer a la gran tormenta, pero la DGT advierte que el peligro real a menudo está en la llovizna, cuando decimos que «está chispeando». La lluvia es el fenómeno adverso más habitual y el que más siniestralidad acumula: en 2024 se registraron 3.397 accidentes con víctimas por esta causa, dejando un trágico balance de 72 fallecidos.
Desde el punto de vista técnico, el momento más crítico se produce con las primeras gotas. Al caer sobre el asfalto, el agua se mezcla con el polvo acumulado, los restos de aceite y caucho y las hojas secas, creando una película extremadamente deslizante, casi como jabón, que reduce la adherencia del neumático a niveles mínimos. Además, la humedad afecta a la eficacia de las pastillas de freno, aumentando la distancia necesaria para detener el vehículo.
La recomendación, por tanto, es conducir con absoluta suavidad, evitando frenazos y acelerones bruscos. Y, sobre todo, revisar el estado de las escobillas y la luneta térmica antes de arrancar, ya que ver bien es otro de los factores más importantes.
Hielo y viento
Cuando el termómetro se desploma por debajo de los 3 grados, los conductores deben entrar en estado de alerta máxima. El hielo suele situarse en las zonas de sombra, puentes o tramos orientados al norte, formando placas invisibles donde la adherencia es prácticamente nula, incluso peor que sobre la nieve.
La técnica de conducción aquí es contraintuitiva pero esencial: si pisas una placa de hielo, jamás toques el freno ni gires el volante bruscamente. Debes levantar el pie del acelerador y tratar de mantener la trayectoria hasta recuperar tracción. En caso de nieve, la DGT aconseja circular por las rodadas que dejan otros vehículos y usar marchas largas para evitar que las ruedas patinen al traccionar.
Por otro lado, también hay que tener en cuenta el viento, cuyo peligro reside en dos efectos aerodinámicos que se crean:
- El efecto pantalla: Ocurre al adelantar a un camión o salir de un túnel. El coche deja de recibir el empuje del viento momentáneamente y, al salir de la protección que le da el camión o las paredes, recibe un golpe de aire lateral que puede sacarnos de la vía.
- El efecto vacío: Al cruzarnos con vehículos grandes en carreteras de doble sentido.
Para combatirlo, la recomendación es usar marchas cortas para tener más potencia y tracción y sujetar el volante con firmeza pero sin rigidez.
Más allá de los consejos de conducción, la DGT ha aprovechado para recordar que están trabajando en un proyecto de cambio de normativa que afectará al Reglamento General de Circulación, reformando el artículo 31 del RGC. Ahora, cuando haya presencia abundante de nieve o hielo, será obligatorio circular por el carril derecho. El carril izquierdo quedará reservado únicamente a los quitanieves o a cualquier emergencia que pueda darse.
