Acabas de salir de la tienda. En la mano llevas una bolsa con el último modelo de smartphone, una tablet de alta gama o ese portátil ultraligero para el que llevabas meses ahorrando. Y el dependiente te ha convencido para pagar un extra y asegurar el dispositivo contra todo riesgo.
La tentación es enorme, sobre todo porque la promesa de tranquilidad absoluta ante cualquier imprevisto es un argumento de ventas casi imbatible. Pero eso sí, antes de firmar nada y añadir otro pago más al mes, es clave entender qué estás contratando realmente.
Qué cubre el seguro
El principal problema de los seguros tecnológicos a todo riesgo es que el término es engañoso. En el mundo de los seguros, «todo riesgo» no significa que esté cubierta cualquier cosa que pase. Más bien significa que cubren los riesgos especificados en la póliza, que suelen ser muchos menos de los que imaginas.
La mayoría de estas pólizas cubren daños accidentales (caídas, golpes), rotura de pantalla, daño por líquidos y, a veces, el robo. Pero tiene sus exclusiones:
- La mayoría de los seguros cubren el robo con violencia o intimidación, es decir, si te atracan por la calle. Sin embargo, excluyen el hurto, que es cuando te quitan el dispositivo por un descuido (te dejas el móvil en la mesa de una terraza y vuela). Si no hay violencia, no hay cobertura.
- Si la aseguradora considera que el daño se ha producido por una negligencia grave del usuario, denegará el siniestro. ¿Qué es negligencia grave? Bañar el móvil en el mar o dejar que tu hijo de tres años juegue con la tablet sin supervisión.
- Daños estéticos: Si a tu móvil se le raya la carcasa o se le hace un pequeño picotazo en una esquina, pero sigue funcionando perfectamente, el seguro no se hará cargo. Solo cubren daños funcionales.
- La franquicia: Muchas pólizas tienen una franquicia, y esto significa que, ante una reparación de 200 €, tú pagas los primeros 50 € (por ejemplo) y el seguro el resto. Si la reparación cuesta 60 €, casi no te compensa tramitar el siniestro.
Valor del producto
Otro aspecto fundamental es el valor por el que te indemnizan, ya que un móvil pierde valor muy rápido. Si te roban un teléfono que compraste por 1000 € hace dos años, la aseguradora no te va a dar 1000 €, ni te va a comprar el modelo equivalente actual. Te darán el valor venal, es decir, el valor de mercado de ese móvil usado justo antes del siniestro, que puede ser solo una parte del precio original. En muchos casos, te darán un dispositivo reacondicionado de características similares, no uno nuevo.
Cuándo merece la pena
A pesar de todos los inconvenientes, no siempre es una mala decisión. Nuestra recomendación es no contratar estos seguros sin pensar antes en los riesgos que tienes tú en el día a día.
Contratar una póliza específica puede ser una decisión inteligente en los siguientes escenarios:
- Dispositivos de muy alta gama: Si has comprado un equipo que supera los 1000 o 1200 € y cuyo coste de reparación (como una pantalla plegable) es astronómico, el seguro te puede venir bien.
- Herramienta de trabajo esencial: Si eres autónomo y tu portátil es tu oficina o tu cámara de fotos, o si eres comercial y dependes al 100 % de tu móvil, un seguro que te garantice un equipo de sustitución en pocas horas te irá como un guante.
- Si eres de los que cambia de pantalla de móvil cada seis meses porque se te cae constantemente, la estadística está en tu contra. En tu caso, el seguro se amortizará solo.
- Si trabajas en la construcción, eres deportista de aventura o viajas constantemente a zonas con alto índice de robos, el riesgo es mucho mayor que para alguien que usa el equipo de casa a la oficina.
Antes de contratar una póliza específica, recuerda revisar tu seguro de hogar. Muchas pólizas de hogar en España cubren el robo (con violencia) de dispositivos electrónicos incluso fuera de casa, y algunas incluyen una cobertura básica de «todo riesgo tecnológico» para daños accidentales dentro de la vivienda.
