Contratar un producto comercializado con la etiqueta de «a todo riesgo» es, en la inmensa mayoría de los casos, un espejismo que, obviamente, acaba repercutiendo directamente en el usuario que lo contrata. Si bien es cierto que el nombre, per se, te promete la protección absoluta, la realidad de la póliza del seguro, a efectos legales, es diferente.
Tal y como advierten los especialistas a través de sus comparadores de seguros, la protección total realmente no existe. La diferencia técnica entre una póliza estándar y una a todo riesgo es una cuestión de redacción, ya que mientras el seguro básico detalla una lista de lo que sí cubre, el todo riesgo teóricamente lo cubre todo, pero tiene una lista de exclusiones específicas. Y el problema es que esas excepciones suelen ser los accidentes más frecuentes del día a día.
Seguro del coche
Pagar el seguro más caro del mercado te garantiza cobertura cuando no hay un tercero a quien reclamar o cuando tú eres el culpable del siniestro. Sin embargo, no te exime de las cláusulas de exclusión, por lo que si ocurre alguno de estos tres supuestos, la factura del taller correrá de tu cuenta.
- Daños exclusivos en piezas aisladas: Si al aparcar golpeas un bordillo y revientas un neumático, o si sufres un daño aislado en el catalizador, es muy probable que la aseguradora se lave las manos. Las pólizas suelen especificar que, si no existen daños estructurales múltiples en la carrocería del vehículo, estas piezas individuales no están cubiertas frente a roturas accidentales.
- Riesgos en maletero (materiales inflamables): Muchas aseguradoras excluyen los siniestros ocurridos mientras transportabas materiales catalogados como inflamables o tóxicos, incluso en usos domésticos. Si tienes un accidente y llevabas en el coche una bombona de butano, alcohol sanitario, pintura para tu casa, productos de desinfección fuertes o una batería de litio extra, el perito puede denegar la indemnización alegando un riesgo agravado.
- Depreciación del valor venal: Este es el punto donde el todo riesgo pierde su sentido. Incluso estas pólizas tienen un tope máximo indemnizable que se desploma a medida que el coche envejece. Tras los primeros años (donde te garantizan el «valor a nuevo»), pasarán a ofrecerte en caso de siniestro total el temido valor venal (lo que te daría un profesional de compra-venta por tu coche accidentado), que es muchísimo menos de lo que te costaría comprar uno igual en el mercado de ocasión. En este punto, tu póliza a todo riesgo se convierte, a efectos prácticos, en un seguro para simples golpes de chapa y pintura.
Seguro de hogar
En el ramo de la vivienda, el extra conocido como «todo daño accidental» se comercializa como la protección definitiva. Sin embargo, está minado de franquicias (una parte del siniestro que siempre pagas tú) y de mínimos indemnizables (si la reparación es barata, el seguro no actúa).
Si vas a dar un parte a tu seguro de hogar, revisa si tu incidente encaja en alguna de estas tres categorías que podrían no estar cubiertas:
- Daños estéticos: Si se te cae una olla de hierro y haces un desconchado enorme en la encimera, o rayas profundamente el parqué del pasillo, pero la cocina o el suelo siguen cumpliendo su función, prepárate para una negativa. Las pólizas dejan fuera los «simples arañazos, decoloraciones o defectos meramente estéticos» que no impiden el uso del bien.
- Animales domésticos: Tu seguro a todo riesgo accidental excluirá casi con total seguridad los destrozos generados por tus mascotas. Si tu perro muerde las patas del sofá o tu gato destroza las cortinas, el daño se considera responsabilidad directa del dueño, aunque haya sido accidental.
- Vivienda desocupada: Si te vas de vacaciones y la casa permanece vacía durante un número estipulado de días (suele variar entre 3 y 30 días, dependiendo del seguro), las coberturas se limitan. Esto no solo afecta a los robos, sino que te deja sin protección ante daños por agua que, al no ser detectados por estar tú fuera, causan estragos en la vivienda.
Eso sí, no todos los seguros son iguales, por lo que algunos podrían incluir expresamente ciertas coberturas que, por regla general, están excluidas.
