Modelos de referencia como el Apple Watch Ultra o el reciente Samsung Galaxy Watch Ultra empezaron a introducir funciones que hace apenas una década estaban reservadas a los hospitales, como el electrocardiograma (ECG) o la medición de oxígeno en sangre (SpO2). Ahora, muchos más relojes las incorporan, y es que ya no solo sirven para mirar la hora, pero hay ciertas cosas que debes saber antes de tomarte como ciertas todas las lecturas que te den.
Antes de nada, hay que tener en cuenta que los sensores no son infalibles y existe un margen de error condicionado por nuestra propia fisiología que puede hacer que las lecturas sean incorrectas.
Fallos de lectura
La inmensa mayoría de estos dispositivos utilizan una tecnología llamada fotopletismografía. Es esa luz verde o roja que ves parpadear en la parte trasera del chasis del reloj, y su funcionamiento es sencillo pero delicado: la sangre es roja porque refleja la luz roja y absorbe la luz verde. Cuando tu corazón late, el flujo sanguíneo en tu muñeca aumenta, y con él, la absorción de luz verde. El reloj mide esos cambios de intensidad lumínica para calcular tus pulsaciones.
El problema aparece porque esta luz no solo interactúa con tu sangre, sino con todo lo que encuentra a su paso. En este sentido, hay factores externos que pueden ensuciar la señal y provocar que el reloj interprete por error un latido donde no lo hay o viceversa.
Tatuajes y pelo
Si tienes un tatuaje en la zona de la muñeca donde apoya el sensor, es muy probable que tus mediciones sean erróneas e incluso que no se realicen. La tinta de los tatuajes, especialmente la de colores oscuros o densos, actúa como una barrera que bloquea o dispersa la luz del sensor. Esto provoca que el reloj tenga que aumentar la potencia del emisor, generando ruido en los datos que el algoritmo intenta corregir de forma artificial, dando como resultado una frecuencia cardíaca irreal.
Lo mismo ocurre con el vello denso o el tono de piel. La melanina más oscura absorbe la luz de forma diferente a la piel clara, un desafío técnico que marcas como Samsung han intentado paliar con sus sensores BioActive, pero que sigue siendo una asignatura pendiente para muchos otros relojes, sin importar la gama.
Es fundamental establecer una distinción clara entre un dispositivo de consumo y un equipo médico profesional. Un smartwatch de gama alta realiza lo que se conoce como un ECG de derivación única (Derivación I). Esto significa que puede detectar el ritmo cardíaco y buscar irregularidades como la fibrilación auricular, pero es incapaz de detectar un ataque al corazón o problemas estructurales que un electro de 12 derivaciones en un hospital sí vería.
La precisión del GPS de doble banda o la resistencia de un chasis de titanio son características excelentes para el deporte, pero en lo que respecta a la salud, el reloj es un dispositivo preventivo, no un diagnosticador. Una lectura anómala de oxígeno en sangre, por ejemplo, puede estar causada simplemente por llevar la correa demasiado floja o por tener las manos frías, lo que impide que el sensor detecte correctamente el flujo.
Cómo evitar errores
Para maximizar la fiabilidad de tu dispositivo y evitar sustos innecesarios, en ADSLZone recomendamos seguir estas pautas:
- El ajuste es clave: El reloj debe estar firme, pero no apretado, a unos dos centímetros por encima del hueso de la muñeca. Si el reloj se mueve al agitar el brazo, la luz se escapará y la medición no será correcta.
- Limpieza del sensor: El sudor, la crema solar o los restos de piel muerta crean una película sobre el cristal del sensor que desvía los haces de luz. Límpialo regularmente con un paño de microfibra.
- Reposo absoluto: Para funciones como el ECG o el nivel de estrés, no sirve estar sentado viendo la tele. Debes estar en silencio, con el brazo apoyado en una mesa y sin hablar. Cualquier pequeño movimiento muscular genera electricidad que el sensor confunde con actividad cardíaca.
