La luna de miel del nuevo equipo directivo de Mediapro ha terminado antes de empezar. Cuando Sergio Oslé tomó las riendas del mayor grupo audiovisual de España, sabía que heredaba una situación compleja tras la salida de los fundadores históricos, Jaume Roures y Tatxo Benet. Lo que quizás no esperaba es que la realidad financiera le golpease tan pronto.
La agencia de calificación Moody’s ha avisado hace unas horas que la solvencia a nivel económico de la compañía se tambalea.
La agencia de rating ha rebajado la calificación financiera de Mediapro de B3 a Caa1, lo que podría ser la estocada definitiva a la viabilidad a corto plazo del grupo. Esto quiere decir que la empresa ha entrado en una zona de riesgo alto de impago o quiebra.
Moody’s lo ha revelado basándose en un rendimiento operativo en 2025 «significativamente inferior al esperado» y advierte de desafíos estructurales que continuarán, como mínimo, hasta 2026. Esta decisión llega en el peor momento posible, justo cuando la cúpula negocia a la desesperada una prórroga vital con sus acreedores.
Pérdida de LaLiga
Para entender por qué un gigante que llegó a facturar 2.000 millones de euros está ahora contra las cuerdas, hay que mirar a sus contratos y a su caja. El informe de Moody’s, del que se hace eco El Confidencial, es demoledor respecto a los ingresos generados, síntoma claro de que las cosas no se están haciendo bien.
El principal lastre ha sido la pérdida de contratos clave que sostenían al grupo, como era la producción de LaLiga. Según explica Víctor García Capdevila, analista de Moody’s, este vacío comercial «será difícil de compensar». Pero lo más preocupante es que, si 2025 fue malo, 2026 será todavía peor, convirtiéndose en el primer año que refleje el impacto total de estas pérdidas en las cuentas anuales.
Las métricas no mienten y dibujan un escenario para nada alentador en Mediapro. Se estima que la cifra de negocio se ha contraído un 10 % en el último ejercicio, cayendo por debajo de la barrera de los 1.000 millones (hasta los 956 millones), mientras que el Ebitda (el indicador de la rentabilidad operativa) se ha desplomado un 25 %, quedándose en unos escasos 85 millones. Con una liquidez limitada y un flujo de caja libre negativo, la empresa tiene serias dificultades para hacer frente a sus obligaciones.
Casi mil despidos
La llegada de Sergio Oslé a la presidencia y Carlos Núñez como CEO del grupo tenía como objetivo revertir esta situación de crisis terminal, pero para lograrlo, la empresa debería contar con un activo que ahora mismo no tiene, el dinero. Y no solo es que no tengan, sino que parece que a corto plazo tendrán todavía menos.
La agencia señala que la nueva dirección deberá acometer una «importante reestructuración y reorganización del grupo», por lo que tendrán que hacer recortes importantes. Ya se habla de un plan de cierre de negocios no rentables que llevaría implícito un Expediente de Regulación de Empleo o ERE. Las cifras que se manejan son realmente serias, ya que entre 800 y 1.000 empleados serían despedidos.
Orient Hontai, al rescate
Sin embargo, despedir es caro, especialmente cuando hay que liquidar contratos de una cúpula directiva anterior, con sueldos que precisamente no se quedaban cortos. Y dado que Mediapro no tiene la liquidez necesaria para acometer estas operaciones, se ven obligados a recurrir a Orient Hontai. Este grupo chino, que controla cerca del 95 % del capital, tendrá que volver a inyectar liquidez si quiere salvar los muebles. Tras pagar 900 millones en 2018 y rescatar a la firma con otros 620 millones tras la pandemia, el socio mayoritario deberá decidir si sigue poniendo todavía más dinero para evitar el colapso definitivo.
Mientras se decide el futuro de la plantilla y de la entidad en sí, la pelota parece estar en el tejado de los despachos de Pimco. Este fondo, principal acreedor de Mediapro y conocido por no dar su brazo a torcer en las negociaciones (es también el mayor financiador del Grupo Prisa), podría tener la llave.
Ante el evidente incumplimiento de las condiciones financieras pactadas en los préstamos y la perspectiva negativa sobre el pago del préstamo de 525 millones refinanciado en septiembre de 2024, Mediapro ha solicitado una prórroga de un año. Oslé y su equipo necesitan ganar tiempo para aplicar su plan, que ya ha comenzado con la supresión de bonus y el inicio de un análisis exhaustivo para evitar perder más dinero.
