Digi ha sido, sin lugar a dudas, una de las empresas de telecomunicaciones que más ha crecido en los últimos años. La operadora de origen rumano se ha convertido en el refugio de millones de hogares que no quieren pagar facturas con unos precios abusivos, y ha cerrado el 2025 por todo lo alto. Sin embargo, este rápido crecimiento plantea también nuevos retos internos.
Mientras los clientes son los principales beneficiados en materia de ahorro, una parte de la plantilla ha abierto un debate sobre la evolución del modelo de negocio, sugiriendo la necesidad de equilibrar la alta eficiencia operativa con el mantenimiento de los estándares de calidad a largo plazo.
Según recoge THE OBJECTIVE, el rápido crecimiento de Digi conlleva también un necesario proceso de adaptación interna. La compañía ha alcanzado el hito de los 10 000 empleados propios, superando en plantilla a competidores históricos y acercándose a las cifras de grandes referentes como Telefónica.
Este volumen plantea el desafío de gestionar la cantidad sin perder de vista la excelencia. El modelo de internalización total (contratar a sus propios instaladores y comerciales en lugar de subcontratar, como hace la competencia) de Digi se encuentra ahora ante el reto de la escalabilidad, lo que ha abierto un diálogo con sindicatos como CNT y CIG. Estas organizaciones buscan asegurar que la estrategia de precios competitivos de la operadora siga siendo compatible con el mantenimiento y mejora de las condiciones laborales de su equipo.
Consecuencias del nuevo convenio
El punto de inflexión llegó el año pasado con la firma del primer convenio colectivo nacional de la empresa. Sobre el papel, era algo necesario para una empresa de su envergadura, y fue firmado con CCOO y UGT, prometiendo homogeneizar las condiciones en todo el territorio español. Sin embargo, para los expertos en relaciones laborales y para los sindicatos que hemos mencionado anteriormente, hay algunas consecuencias que conviene mencionar.
Según recoge la información de THE OBJECTIVE, gran parte de la plantilla considera que el nuevo marco supone una pérdida de derechos consolidados que ya disfrutaban bajo los convenios provinciales anteriores. Se habla de una mayor flexibilidad horaria a favor de la empresa, vital para atender más averías e instalaciones, y de recortes salariales al eliminar ciertos complementos territoriales.
En regiones clave como Galicia o Andalucía, se ha señalado la importancia de reforzar los canales de comunicación interna para consensuar mejor estos cambios. La percepción de cercanía en la toma de decisiones es fundamental: un equipo técnico que se siente partícipe y valorado mantiene altos niveles de motivación, lo cual es el pilar indispensable para garantizar una experiencia de cliente óptima.
Digi factura cerca de 1.000 millones de euros con una plantilla de 10.000 personas. Si hacemos la comparación, Vodafone, con la mitad de plantilla (5.000), factura cuatro veces más (4.000 millones). Esto muestra que el margen de beneficio por empleado en Digi es extremadamente corto, y para que las cuentas sigan saliendo, la productividad de cada empleado debe ser altísima. No hay margen para el error ni para la relajación.
Y esto, per se, no está mal, pero está derivando en sanciones y malestar. La Inspección de Trabajo ya ha actuado contra Digi en Andalucía por vulnerar el carácter voluntario del trabajo en domingos y festivos, obligando a la empresa a implantar registros de jornada más estrictos y pagar compensaciones.
¿Dejará Digi de ser barata?
La pregunta ahora es cuánto tiempo podrá Digi sostener su estrategia de precios sin afectar a la calidad del servicio, teniendo en cuenta que sus trabajadores están al límite y parece que el conflicto no quedará ahí.
Si la operadora no logra pacificar todo lo que pasa dentro de sus oficinas, el ahorro de costes operativos podría transformarse en un coste reputacional impagable.
