La Unión Europea lleva tiempo desaconsejando a los países miembros de que continúen utilizando equipos chinos en sus instalaciones por cuestiones de seguridad. Sin embargo, el alto coste que supondría llevar a cabo esta transición ha obligado a todos los operadores de Europa a dirigirse a la Comisión Europea para entender de dónde saldrá el coste del veto, calculado en torno a los 60.000 millones de euros.
El veto de la Unión Europea y de Estados Unidos a equipos procedentes de China para montar la infraestructura de nuestras telecomunicaciones tendría un coste millonario que recaería directamente sobre las arcas de los grandes grupos de telecomunicaciones. Un escenario que no ha sentado nada bien a los mismos, que ha comprobado cómo, de producirse, hablaríamos de decenas de miles de millones de euros que no estaban previstos hasta el momento actual.
Compañías como Orange diseñaron en el año 2024 una estrategia que permitiría llevar a cabo esta transición de una forma mucho más progresiva y con un impacto menor en sus cuentas, atendiendo al propio ciclo de renovación de los equipos. Sin embargo, la evolución del mercado y de su estrategia de proveedores ha llevado a la compañía a reconsiderar el calendario previsto y a mantener abiertas diferentes alternativas, entre ellas continuar confiando en Huawei, pese a las recomendaciones que llegan desde Bruselas.
Reducir la cuota de Huawei, uno de los grandes objetivos
Orange definió en el año 2024 un plan que contaba con dos fases y que iba a permitir que esta transición fuera progresiva y coherente con las cuentas que manejaba la compañía:
- Fase 1: Se eliminarían los equipos de la marca ZTE y se reduciría la cuota de Huawei de forma paulatina. En el caso de Huawei, su presencia iba a decrecer desde un 54% en el año 2024 hasta un 37% en el año 2027. En el extremo opuesto, Ericsson crecería desde el 42 hasta el 63%. ZTE, por su parte, desaparecería por completo.
- Fase 2: Se contemplaba la posibilidad de que Ericsson sustituyera por completo los equipos de Huawei y se convirtiera en el único proveedor de la red, eliminando así posibles riesgos derivados del contexto geopolítico.
Sin embargo, el escenario ha cambiado recientemente, cuando MasOrange ha comunicado a Ericsson que no hay garantías de abordar esta segunda fase, abriendo la puerta a recibir ofertas económicas en un concurso que se llevará a cabo en octubre. Sin embargo, esto no deja fuera de juego a Ericsson, quien todavía podría acabar como ganadora si presenta una oferta más económica.
Por su parte, Ericsson asegura que mantiene su compromiso con MasOrange y que continúa ejecutando el contrato conforme al plan previsto. Ambas compañías mantienen además diferentes líneas de colaboración en ámbitos como la evolución hacia redes autónomas, el despliegue de capacidades 5G Advanced y la modernización de la red Core.
Abierta a las ofertas comerciales
En función de las ofertas que presenten los principales proveedores, MasOrange decidirá cómo abordar la siguiente fase de su estrategia de red. Entre las posibilidades se encuentra mantener a Huawei durante los próximos años con una participación similar a la actual, aunque la decisión todavía no está tomada. Ericsson continúa siendo una de las opciones para asumir un mayor peso en la infraestructura, mientras que proveedores como Nokia o Samsung también podrían entrar en la ecuación.
En el caso de que MasOrange optase por mantener a Huawei, una de las posibilidades sería establecer una cláusula que obligase al fabricante a asumir el coste de los equipos si finalmente fuera considerado proveedor de alto riesgo. Este es precisamente uno de los aspectos contemplados en la Cybersecurity Act (CSA2, Ley de Ciberseguridad), presentada por la Comisión Europea.
Por lo tanto, de momento tenemos que esperar hasta conocer cuáles son los cambios y las novedades principales que podrían afectar a la toma de este tipo de decisiones.
