Hace unos años, Apple cambió el procesamiento de sus fotos con un ajuste que no mucha gente utiliza. Cuando me compré el iPhone 16 Pro Max, esperaba apretar el obturador y que las fotos saliesen de película, pero veía los mismos cielos y pieles lavados de siempre. Por suerte, me aventuré a probar con un tipo de fotografía más profunda y editable.
Para tomar el control real y exprimir de verdad los más de 1200 euros que cuesta este dispositivo, tuve que dar el salto al formato que usan los fotógrafos. Te cuento desde mi propia experiencia cómo cambié por completo mi forma de hacer fotos con el móvil.
Fotos en ProRAW
En el mundo de la fotografía profesional, el archivo RAW es el equivalente al antiguo negativo analógico, al archivo en crudo. Al disparar en este formato, le ordeno a la cámara de mi iPhone 16 Pro Max que apague la inteligencia artificial, que deje a un lado los filtros de belleza y que capture absolutamente toda la luz y los datos que recibe su potente sensor principal de 48 megapíxeles, con toda la información de la escena.
La ventaja que solo puede ofrecerte hacer fotos en RAW es la preservación absoluta del rango dinámico. ¿Qué significa esto en el día a día? Que si hago un retrato a contraluz en un atardecer en la playa, la información de las sombras profundas (la cara de la persona) y las luces altas (el sol en el horizonte) está intacta en el código del archivo, por lo que puede ser rescatada, a pesar de que en la foto no se vea bien. En un JPEG tradicional, el teléfono decidiría qué iluminar, borraría el resto y esos datos se perderían para siempre. Con rescatada me refiero a que, si una zona está oscura, la puedes iluminar sin problemas.
Para activar esto, solo tienes que:
- Ir a los ajustes del teléfono.
- Entrar en el apartado de Cámara, luego pulsar en Formatos.
- Activar la pestaña de Control de la resolución y ProRAW.
También puedes activarlo en el momento en el que vas a hacer la foto, ya que en la propia app de cámara hay un botón en la parte superior izquierda para ello. En él, podrás elegir el formato HEIF (JPG) o RAW, y podrás también seleccionar 24 o 48 megapíxeles de cámara. Esto es similar en cualquier otro dispositivo móvil.
Debo confesar que la primera vez que disparé en RAW y abrí el carrete de mi móvil, me llevé un buen susto. La foto se veía plana, gris, apagada y tremendamente aburrida, mucho peor que si la hubiera hecho en automático. No te asustes, es exactamente lo que tiene que pasar, ya que al ser un archivo crudo, necesita ser procesada para dejarla a tu gusto.
Cómo editar la foto
Aquí es donde entra en juego mi herramienta imprescindible: Adobe Lightroom Mobile. Esta aplicación, que cuenta con una versión gratuita muy completa tanto en la App Store como en la Google Play Store de Android, es vital. Cuando importo la foto ProRAW a Lightroom, me encuentro ante un lienzo en blanco con la máxima calidad de imagen posible. Subiendo un poco las sombras, ajustando el contraste y modificando la temperatura de color con unos simples deslizadores, los tonos del paisaje cogen mucha más vida y textura en la pantalla del iPhone con una nitidez abrumadora y una naturalidad que ningún procesado automático lograría.
Entiendo perfectamente que enfrentarse a curvas de color, matices y ajustes avanzados de luz en Lightroom puede dar mucha pereza si no tienes conocimientos fotográficos previos. A mí también me pasaba, pero hay algo que puedes hacer: aplicar presets o ajustes preestablecidos.
Un preset es, en esencia, una receta de edición ya creada. Muchos fotógrafos profesionales venden o regalan en sus redes sociales sus propios paquetes de presets con sus estilos característicos (tonos otoñales cálidos, estilos cinematográficos, emulaciones de película analógica Kodak…). Lo que yo hago es descargar esos archivos y añadirlos a mi aplicación de Lightroom.
Ahora, el proceso es cuestión de segundos: abro Lightroom y, con un solo toque, aplico uno de estos presets profesionales. Toda esa compleja configuración técnica de luces y colores se ajusta automáticamente a mi imagen.
