Si en los últimos meses has conducido por las grandes arterias de entrada a las principales ciudades españolas, es prácticamente seguro que te hayas topado con un panel poco habitual: un fondo rectangular o cuadrado de color azul con un gran rombo blanco dibujado en su interior.
Ante la falta de costumbre, la inmensa mayoría de los conductores duda, frena o, en el peor de los casos, ignora por completo la advertencia, exponiéndose a una sanción inmediata de la Dirección General de Tráfico.
Muchos usuarios creen, erróneamente, que se trata de una advertencia de peligro por obras o la indicación de un peaje, pero nada tiene que ver. Es una señal para garantizar la fluidez del tráfico, y la administración la está desplegando poco a poco en nuestras carreteras, pero ya puede verse en casi toda España. Y si no sabes interpretar sus normas correctamente, la cámara de vigilancia o la patrulla de la Guardia Civil que te espera unos kilómetros más adelante no aceptará el desconocimiento como excusa.
¿Qué prohíbe exactamente?
Lejos de ser un elemento meramente decorativo o informativo, el panel azul con el rombo blanco es la señalización oficial que identifica un carril reservado exclusivamente para Vehículos de Alta Ocupación, lo que popularmente conocemos como un carril VAO o BUS-VAO.
Aunque es cierto que este tipo de vías llevan años existiendo en España (el pionero y archiconocido carril de la A-6 en Madrid es el mejor ejemplo), el uso masivo de esta señal se ha estandarizado recientemente en nuevas vías. Su función es indicar de forma taxativa que el carril sobre el que se sitúa no está abierto a la libre circulación de todos los turismos particulares. Su objetivo es descongestionar las entradas a las grandes metrópolis, fomentando el uso compartido del coche y el uso del transporte colectivo.
Vehículos autorizados
El rombo blanco no suele venir solo, y ahí está la clave, en la cifra que a menudo le acompaña en el propio panel metálico o en los carteles luminosos variables situados justo encima. Este número marca el mínimo de ocupantes que debe llevar el vehículo en su interior para estar autorizado a pisar ese asfalto sin ser multado.
En la gran mayoría de los casos, la cifra estándar es un «2», lo que significa que solo pueden circular turismos con el conductor y al menos un pasajero. Sin embargo, para favorecer la movilidad sostenible global, la normativa establece excepciones muy concretas. Tienen permitida la entrada, vayan vacíos o llenos, los siguientes transportes:
- Vehículos con etiqueta Cero Emisiones: Los coches 100 % eléctricos o híbridos enchufables con gran autonomía son los grandes beneficiados de estas infraestructuras.
- Transporte público y servicios: Autobuses de línea, taxis (incluso si circulan libres buscando cliente) y vehículos de carsharing debidamente identificados.
- Motocicletas: Por su menor tamaño y contribución a la fluidez, suelen estar autorizadas independientemente del número de ocupantes.
Multas de 200 euros
El gran error que cometen muchos conductores, desesperados por salir de un atasco kilométrico y llegar a tiempo a su destino, es pensar que meterse en el carril del rombo blanco es una simple picardía al volante que no tiene consecuencias graves. Las autoridades son perfectamente conscientes de esta tentación, y por ello el control sobre estas infraestructuras es absolutamente exhaustivo.
El uso de estas vías exclusivas, es decir, el carril BUS-VAO, de forma fraudulenta, constituye una infracción grave recogida de forma expresa en el artículo 35.1.a del Reglamento General de Circulación.
La sanción económica estipulada por la normativa vigente para aquellos conductores que decidan invadir este carril sin reunir los ocupantes exigidos o sin contar con el distintivo medioambiental adecuado asciende a 200 euros. Un precio altísimo a pagar por intentar ahorrarse unos minutos de retención.
