Quienes utilizan su ordenador durante largos periodos del día se encuentran ante un momento que se ha convertido tan natural como, en algunos casos, molesto. Se trata de proceder al apagado del equipo. Muchos usuarios lo hacemos, pero quizá pueda ser algo que quede atrás en el pasado.
Apagar o dejar el ordenador encendido toda la noche. La duda ha sido habitual entre los usuarios durante décadas. Lo que en tiempos de ordenadores de torre era lo más habitual, con el paso de los años, la evolución de Windows y el modo de Suspender ha ido cambiándolo. ¿Qué motivo hay para que podamos dejar el ordenador encendido sin apagarlo?
Cuestión de consumo energético
Cuando ponemos un ordenador en modo de suspensión, el equipo se queda trabajando en segundo plano, pero con un rendimiento menor a si lo tuviéramos activo. Tal y como confirma Windows, el ordenador está en modo de “bajo consumo”. Eso permite que, cuando volvamos a tocar uno de los botones del equipo, Windows se reactive con rapidez y podamos continuar exactamente donde lo dejamos.
Si lo hacemos, lo que quizá no sepamos es que no estaremos realizando un consumo energético que deba preocuparnos. Los equipos actuales no consumen tanta energía como podamos imaginar y hay muchos modelos que son especialmente eficientes en términos de consumo. Esto supone que, con un equipo en modo de suspensión, es posible que estés gastando cantidades de alrededor 5-10W mientras duermes. En otras palabras, se tratará de céntimos de euro que no impactarán de una manera significativa en la factura de la luz.
Echando cuentas, es posible que anualmente estemos afrontando un consumo de unos 10 euros a cambio de tener el ordenador siempre disponible. Esto significará no apagarlo, sino ponerlo en suspensión cada vez que lo dejamos de utilizar. La cifra es totalmente aproximada y puede variar dependiendo de muchos detalles, como del propio equipo, de sus características y de las tarifas de la luz. No obstante, la cuestión es hacernos a la idea de lo económico que resulta tener el equipo en suspensión, evitando así tener que apagar y encender cada vez que vamos a usar el ordenador.
Aumentar la productividad
Aunque no apagar el ordenador podría parecer algo que hacemos por «vagancia», lo cierto es que tiene una explicación más coherente: aumentar la productividad. Si apagamos el PC en vez de ponerlo en suspensión, la próxima vez que lo usemos tendremos que esperar a que se encienda. No solo es el encendido, sino todo el proceso que se encuentra vinculado a ello.
Primero, hay que esperar a que el ordenador se encienda. Segundo, será necesario abrir todas las ventanas que tuviéramos en la última sesión, así como cargar los programas. Si nuestro equipo está cargado de programas y es un poco exigente, es posible que el tiempo de espera para la carga inicial sea demasiado alto. Al mismo tiempo, también es posible que nos hayamos olvidado de lo que estábamos haciendo la última vez antes de apagar el ordenador.
Ante estas situaciones, lo que nos proporciona el modo de Suspensión es inmediatez. Al recuperar la sesión después de la suspensión, al segundo nos damos cuenta de que todo está ahí. El equipo está exactamente igual a como lo dejamos la última vez, lo que implicará que en cuestión de minutos podríamos estar trabajando o haciendo cualquier cosa que tuviéramos entre manos. La inmediatez es tal que, si estábamos escribiendo y teníamos una línea a medias, podremos seguirla y terminarla con rapidez. Todo ello se coloca en una experiencia muy superior a lo que implica apagar el ordenador cada vez.
Por otro lado, hay que pensar que la idea de que resulte recomendable apagar el ordenador para protegerlo y evitar problemas, está ligeramente obsoleta. Esto era algo común en el pasado debido a que se protegía los discos duros y sus niveles de lectura, dado que eran un poco limitados. Pero hoy día, con los cambios de componentes y tecnología, ya no es algo que haya que tener en cuenta.
