Lo terrible y desesperante que es sufrir microcortes durante una videollamada de teletrabajo o que se te pare una serie o vídeo que estás viendo, solo es comparable a quedarte sin el propio internet. Casi siempre, el usuario piensa que es culpa de su operadora, pero nada más lejos de la realidad, y tampoco un reinicio del router le dará una vida nueva.
El problema en este caso tiene que ver con la propia red en sí y con cómo se distribuye por nuestro hogar y cuántos obstáculos debe evitar. Estas barreras son las que merman su potencia hasta incluso hacerla desaparecer.
Problemas para las ondas
La clave es entender cómo se comportan las ondas de radiofrecuencia, para ver cómo solucionar el problema. Los routers domésticos actuales operan principalmente en dos bandas: la de 2,4 GHz (con mayor alcance pero menor velocidad) y la de 5 GHz (ultrarrápida pero extremadamente sensible a los obstáculos). Las ondas electromagnéticas se desplazan por el espacio aéreo en forma de líneas oscilatorias que, al impactar con cualquier cuerpo sólido, sufren tres fenómenos físicos: reflexión, refracción y atenuación.
Uno de los factores que más estropea la señal Wi-Fi son los espejos y los grandes ventanales de cristal. Aunque el vidrio común parezca inocuo por su transparencia visual, los cristales modernos, especialmente los de doble acristalamiento con aislamiento térmico, incorporan capas de óxidos metálicos que repelen las ondas. El caso de los espejos es todavía peor por el efecto jaula de Faraday: la fina lámina de plata o aluminio que se coloca detrás del vidrio para que podamos reflejarnos actúa como un escudo conductor perfecto que hace rebotar las microondas de radiofrecuencia, impidiendo por completo que la señal cruce al otro lado de la estancia y provocando pérdidas de potencia superiores a los 10 dBm.
Azulejos y hormigón
Si hay dos estancias en cualquier casa española donde la conexión suele cortarse de forma repentina, esas son la cocina y el cuarto de baño. No es casualidad, sino el resultado directo de los materiales empleados en su revestimiento.
La combinación de elementos estructurales en estas zonas produce un blindaje casi militar frente a las frecuencias de telecomunicaciones:
- La densidad del azulejo: La cerámica y el gres porcelánico pasan por procesos de cocción que los convierten en materiales extremadamente densos. Cuando la banda de 5 GHz choca contra una pared alicatada, carece de la energía necesaria para atravesar la densidad de la pieza, absorbiéndose casi en su totalidad.
- Hormigón y mallazo metálico: Las paredes maestras y los forjados de hormigón armado contienen una estructura interna de varillas de hierro. Este esqueleto metálico absorbe una gran parte de las longitudes de onda del Wi-Fi.
- El factor de absorción del agua: El agua es el absorbente definitivo de las microondas (de hecho, en esta propiedad se basa el funcionamiento de los hornos microondas tradicionales). La presencia de bajantes, tuberías de agua empotradas y la humedad condensada en el baño perjudica el espectro de red de cualquier dispositivo móvil.
Cómo organizar tu casa
Una vez identificados los materiales que estropean tu cobertura, la solución no pasa por hacer una reforma, sino por aplicar la lógica de la ingeniería de redes en la distribución del hogar.
La primera recomendación es ubicar el terminal en una posición central de la vivienda, a una altura media (entre 1 y 1,5 metros del suelo) y completamente libre de muebles de madera maciza o vitrinas metálicas. Si el diseño de tu piso te obliga a esquivar paredes alicatadas o zonas con tuberías, la mejor inversión para mantener el ancho de banda contratado es prescindir de los repetidores Wi-Fi convencionales, que suelen duplicar la latencia, y optar por sistemas de Wi-Fi Mesh.
