Cada vez son más los usuarios que dejan su móvil cargando en una base inalámbrica, olvidándose por completo de los cargadores de adaptador y cable. La base de carga, con el estándar Qi, es mucho más cómoda, ya que solo tendrás que apoyar el dispositivo sobre ella y cargará automáticamente, y todos los fabricantes la resaltan en sus presentaciones.
Sin embargo, no está libre de pecado, y es que, a pesar de su comodidad, debes saber que degradará tu batería más rápido de lo que crees.
Y la explicación para nada tiene que ver con la obsolescencia programada que tan famosa se hizo hace unos años. Se basa en las leyes de la termodinámica, dado que la transmisión de energía es un proceso ineficiente casi por definición. Y en el mundo de la electrónica, esto se traduce en disipación térmica. Esto hará que el dispositivo sufra un estrés innecesario que poco a poco irá recortando la capacidad útil del dispositivo.
¿Qué es la ineficiencia térmica?
La carga inalámbrica funciona mediante dos bobinas de cobre: una en la base (transmisora) y otra en la parte trasera del móvil (receptora). Al pasar corriente por la base, se crea un campo electromagnético que induce corriente en el móvil. El problema es que este proceso nunca funciona a la perfección.
Según análisis técnicos de OneZero y datos del Wireless Power Consortium, la carga inalámbrica puede llegar a consumir hasta un 47 % más de energía que la carga por cable para llenar la misma batería. Y esa energía que no entra en la batería se transforma en calor, afectando directamente al terminal.
Este fenómeno, conocido como «pérdida por corrientes de Foucault y efecto Joule», provoca que tanto la base como el teléfono se calienten bastante durante el proceso. Al cargar por cable, la mayor parte del calor se genera en el transformador, por lo que se queda en el enchufe de la pared, lejos del teléfono. En la carga inalámbrica, la fuente de calor está pegada físicamente a la batería, rebotándolo hacia el terminal.
Además, si no colocas el móvil exactamente en el centro de la base (algo muy común cuando lo dejamos con sueño por la noche), las bobinas no se alinean perfectamente. El sistema intenta compensar esta mala conexión aumentando la potencia, lo que dispara la ineficiencia y genera todavía más calor residual, sometiendo a los componentes internos a temperaturas de 30 o 40 grados durante varias horas.
Estrés de las baterías de litio
Las baterías de iones de litio son el estándar actual porque son ligeras y eficientes, pero son químicamente muy sensibles. Funcionan mediante el movimiento de iones entre el cátodo y el ánodo a través de un electrolito líquido, uno de los puntos débiles del sistema.
El rango óptimo de funcionamiento del litio está entre los 20 °C y los 25 °C. Exponer la batería a temperaturas superiores a 30 ºC de forma constante acelera las reacciones químicas, que no sientan bien al dispositivo, dentro de la celda.
El calor provoca la oxidación del electrolito y la formación de una capa sólida en el ánodo que impide el flujo de iones. En términos sencillos para el usuario, la batería pierde capacidad de almacenamiento. Si usas carga inalámbrica todas las noches, es muy probable que, al cabo de un año, la salud de tu batería haya bajado al 85 % o 90 %, mientras que con carga por cable, y sin carga rápida excesiva, podría mantenerse por encima del 95 %. Estás pagando la comodidad con meses de vida útil del teléfono.
Cuándo usar la carga rápida
- Evita la carga nocturna inalámbrica: Es lo peor que puedes hacer, ya que el móvil pasa 8 horas generando calor constantemente. Además, cuando llega al 100 %, el teléfono deja de cargar, y cuando baja al 99 %, la base vuelve a activarse para rellenarlo. Por la noche, usa siempre cable y un cargador lento de unos 5W de potencia.
- Quita la funda: Las fundas, especialmente las gruesas o de silicona, actúan como aislantes térmicos. Si cargas inalámbricamente con la funda puesta, el calor no puede disiparse.
- Úsala solo para cargas cortas: En periodos cortos, el calor no llega a ser tan destructivo como en ciclos completos.
