Afrontar la prueba de acceso a la universidad es, para la inmensa mayoría de los estudiantes, el mayor pico de estrés académico vivido hasta la fecha. Y no es para menos, ya que tu futuro depende, literalmente, de unos cuantos exámenes que se concentran en cinco días. Y para conseguir esa ansiada nota de corte no solo tendrás que ser muy inteligente y estudiar mucho, sino seguir una estrategia eficaz.
Trabajar duro no siempre significa trabajar de forma inteligente. De hecho, con relación a la selectividad, la falta de método es el principal error. Si sientes que los días pasan y el temario te sobrepasa, es muy probable que estés cometiendo una serie de fallos que te hacen no ser productivo. Además de usar aplicaciones para estudiar, hay una serie de consejos que debes seguir y varias cosas que no debes hacer si no quieres perder las semanas.
Organización y descanso
El primer y más grave error de cualquier estudiante preuniversitario es sentarse en la silla sin saber exactamente qué va a hacer ese día. Abrir un libro al azar o estudiar lo que más apetezca es la receta perfecta para el desastre. La planificación es algo que se debe hacer cuanto antes.
Para evitar este caos, la tecnología no siempre es lo mejor. Está muy bien usar aplicaciones, pero la efectividad está en hacerse un calendario en papel, grande y visual, y tenerlo colgado permanentemente delante de tu mesa de estudio. Al plasmarlo en un formato físico, lo tendrás todo controlado a simple vista y, lo que es más importante, evitas las sorpresas de última hora al darte cuenta de que te faltan tres temas a dos días del examen.
Desde un punto de vista puramente psicológico, tu cerebro necesita sentir que controla el temario, y no al revés. Ver los días tachados y los objetivos cumplidos en ese folio reduce drásticamente los niveles de cortisol (la hormona del estrés). La parte mental es un pilar fundamental en la Selectividad, así que si tu cabeza siente orden en la pared, sentirá orden en los apuntes.
Muchos estudiantes creen que cuantas más horas seguidas estén mirando un libro, mejor nota sacarán, pero esa idea es un error garrafal. El cerebro humano tiene un límite de retención y concentración máxima.
Es vital priorizar el descanso, ya que no todo es estudiar. Hacer deporte, salir a caminar, quedar con amigos un rato o simplemente despejar la mente lejos de los fluorescentes de tu flexo es tan importante como repasar el temario. Si descuidas tu felicidad y tu salud mental, acabarás agobiado y quemado mentalmente. Cuando llegues a ese punto de saturación, te costará muchísimo más sentarte a estudiar y tu rendimiento caerá en picado, necesitando tres horas para memorizar lo que antes hacías en cuarenta y cinco minutos.
El truco del podcast
Más allá de la organización y el descanso, hay atajos que marcan la diferencia. Como estudiante que también ha tenido que enfrentarse a esa misma presión, personalmente utilicé en bachillerato y selectividad un truco que me vino excepcionalmente bien para optimizar el tiempo. En asignaturas de alta carga narrativa y memorística, como Historia de España o Historia de la Filosofía, el truco es ponerte podcasts sobre el temario mientras haces otras cosas. Escuchar la teoría en modo pasivo mientras vas en transporte público, paseas o recoges tu cuarto hace que asimiles los conceptos casi sin darte cuenta, interiorizando el relato histórico y, sorprendentemente, llegando a disfrutarlo mucho más.
Por último, no estudies la teoría sin mirar referencias. El examen de Selectividad tiene una estructura y una formulación de preguntas muy específica. Por ello, es clave que busques exámenes de años anteriores de tu Comunidad Autónoma y practiques constantemente con ellos. Enfrentarte al formato real te enseñará a gestionar los tiempos y a entender exactamente qué es lo que los correctores quieren leer en tus respuestas.
