OpenAI vuelve a estar en el centro del debate financiero después de que The Wall Street Journal haya informado de que la compañía no habría alcanzado varios objetivos internos de usuarios e ingresos. Esto no implica automáticamente que ChatGPT esté en caída libre, sino que crece menos de lo previsto y sus costes se han disparado. La noticia, como no podía ser de otra forma, ha provocado nervios en el mercado, salpicando incluso a empresas vinculadas al boom de la IA, especialmente Oracle, por su enorme contrato de computación con OpenAI.
Qué ha pasado exactamente con OpenAI
El punto clave para saber lo que ha pasado con OpenAI está en que no ha conseguido las metas internas que se habría fijado a nivel de usuarios e ingresos. Esta información ha sido publicada por medios como The Wall Street Journal o Reuters, confirmando la veracidad de la situación. Como no podía ser de otra forma, incumplir las metas internas ha elevado la preocupación en el seno de la empresa y ahora mismo crecen las voces que dudas de su capacidad para mantener el ritmo debido al enorme gasto en centros de datos.
Eso sí, la información debe ser matizada y explica correctamente. No podemos decir que OpenAI esté perdiendo usuarios, ya que hablaríamos de una fuga masiva. Aquí hablamos de que no está captando nuevos usuarios al ritmo que esperaba, mostrando un problema de crecimiento y monetización.
Las causas pueden ser varias y todas válidas. Por un lado, sus principales rivales como Claude o Gemini, están haciendo muy bien las cosas y tienen algunas ventajas que los usuarios buscan. Por otro lado, tenemos que hablar de toda la polémica con el Pentágono. Finalmente, no podemos olvidarnos de los modelos chinos que no paran de lanzar novedades cada vez más potentes.
El problema de fondo: ingresar mucho no basta
Aunque OpenAI sigue siendo una de las compañías más relevantes del sector y en enero su directora financiera, Sarah Friar, aseguró que la empresa había superado los 20.000 millones de dólares de ingresos anuales en 2025, frente a los 6.000 millones de 2024, se enfrenta a un importante problema de fondo.
El negocio de la IA generativa, la que prácticamente todos utilizamos en estos momentos (ChatGPT, Claude, Gemini, DeepSeek, Qwen…) no sólo es sostenible ingresando mucho dinero, también debe mirar a los enormes costes en chips, servidores, energía, centros de datos y acuerdos de computación.
Cada consulta, cada imagen, cada vídeo generado y cada uso intensivo de modelos de IA consume capacidad de cálculo. Y esa capacidad no es nada barata. Por ello, OpenAI apostó por crecer de forma muy agresiva. Según explicó Reuters en septiembre del año pasado, esperaban “quemar” 115.000 millones de dólares hasta 2029 con un fuerte aumento del gasto para alimentar ChatGPT y sus futuros modelos.
A todo esto, le sumamos que apuntaba a unos 600.000 millones de dólares de gasto total en computación hasta 2030, en plena preparación para una eventual salida a bolsa. La suma de todo esto hace que el mercado lo lee de una única forma: si los ingresos y usuarios no crecen al ritmo previsto, el momento para invertir ahora mismo parece arriesgado.
¿Qué pinta Oracle en toda esta historia?
Oracle es una de las empresas más expuestas al crecimiento de OpenAI. De hecho, OpenAI tiene un acuerdo con ellos para comprarles unos 300.000 millones de dólares en potencia de computación durante aproximadamente cinco años. Este acuerdo hizo que Oracle fuera uno de los grandes beneficiados del boom de la IA en bolsa, pero ahora también vemos como ha “ligado” su futuro al del gigante de la IA.
Barron’s ha publicado que las acciones de Oracle han llegado a caer un 4,1% en el premarket tras conocerse las dudas sobre OpenAI. Habrá que ver el desarrollo de la cotización de Oracle a lo largo del día de hoy tras conocerse esta noticia. Y es que, si OpenAI retrasa o pausa proyectos, Oracle podría ver afectados sus ingresos futuros.
En resumen, la información interna sobre el crecimiento de OpenAI no hace más que alimentar el miedo a una burbuja de la IA. Aunque muchos somos conscientes del potencial que tiene tanto para la vida diario como para el trabajo, es cierto que las empresas deben ser capaces de encontrar un equilibrio entre invertir cientos de miles de millones en infraestructura y ser rentables.
