Pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, perdidos en sueños de los que creemos no tener control alguno. Siempre hemos escuchado la idea de «consultarlo con la almohada» cuando tenemos que tomar una decisión compleja, esperando que el cerebro, por pura inercia, nos despierte al día siguiente con la solución perfecta.
Hasta hace poco, la comunidad científica observaba estos relatos con bastante escepticismo, dada la enorme dificultad metodológica para influir con éxito en los sueños de una persona y medir los resultados de forma tangible.
Sin embargo, la barrera que separa el sueño de la vigilia cada vez es más fina, y de hecho está empezando a difuminarse gracias a la neurociencia. Las últimas investigaciones, de las que se hace eco el portal especializado Science News, demuestran que nuestra mente dormida es mucho más moldeable de lo que pensábamos. Bajo las circunstancias adecuadas, se podrían tomar las riendas en cierto modo de lo que ocurre en nuestra cabeza mientras dormimos.
Sueños lúcidos
La clave de este descubrimiento está en una investigación pionera liderada por Karen Konkoly, neurocientífica cognitiva de la Universidad Northwestern, en Illinois. En un estudio recientemente publicado en la prestigiosa revista académica Neuroscience of Consciousness, el equipo de Konkoly ha logrado demostrar que los sonidos adecuados pueden transformar el sueño en una herramienta activa para la resolución de problemas.
Como señala Giulio Bernardi, neurocientífico cognitivo de la Escuela IMT de Estudios Avanzados de Lucca (Italia) que ha valorado el alcance de la investigación: «Este estudio proporciona una de las primeras demostraciones fundamentadas experimentalmente de este vínculo».
Los investigadores se apoyaron en la Reactivación de Memoria Dirigida. Esta técnica consiste en presentar un estímulo sensorial muy sutil, como puede ser un sonido suave o un olor específico, a una persona que está durmiendo. Dicho estímulo ha sido asociado previamente, durante la vigilia, a un recuerdo o a un problema concreto. Al percibirlo en sueños, el cerebro rescata esa información.
Modificar el cerebro mientras dormimos
Para el experimento, los científicos reclutaron a 20 voluntarios con la particularidad de que todos eran experimentados soñadores lúcidos, es decir, personas que son conscientes en todo momento de lo que están soñando. De hecho, en muchos casos, pueden dirigir el rumbo de los acontecimientos dentro de su propia mente.
Durante la tarde, los participantes intentaron resolver una serie de acertijos de lógica. Los que no lograron descifrar se emparejaron con una música instrumental específica. Tras monitorizar su actividad cerebral con electrodos y acostarlos, los investigadores los despertaron a las 4 de la madrugada para inducir la lucidez al volver a dormirse.
Una vez en fase REM, el equipo reprodujo los sonidos asociados a los problemas no resueltos. Los que estaban dormidos debían realizar una señal acordada (como un patrón de respiración al olfatear) para indicar que, efectivamente, estaban trabajando en el acertijo dentro de su sueño. Los resultados mostraron que el 75 % de los participantes soñó con los enigmas pendientes. Aún más impactante es que aquellos que escucharon las pistas sonoras y soñaron con el problema lograron resolverlo en un 42 % de los casos tras despertar, frente a un escaso 17 % de éxito entre quienes no soñaron con ello.
Si podemos utilizar señales externas para inducir temáticas específicas en nuestros sueños lúcidos y alterar el curso de la narrativa onírica, estamos ante una base neurocientífica sólida para intervenir en trastornos del sueño.
Esta misma mecánica abre una vía esperanzadora para la psicología clínica. Si el cerebro puede ser guiado hacia la resolución de un problema mediante estímulos sonoros, los especialistas podrían llegar a utilizar técnicas similares para ayudar a los pacientes a modificar patrones de sueños angustiosos, permitiéndoles enfrentarse a sus miedos y evitar pesadillas recurrentes desde la seguridad de un entorno lúcido y controlado.
