Entrar al vehículo, arrancar el motor y conectar inmediatamente el móvil a la toma de la consola central es un gesto que ya muchos han automatizado, y no es para menos, ya que necesitamos el móvil para todo y tenemos que tenerlo con batería. Tanto para usar el navegador, escuchar nuestra lista de reproducción favorita o simplemente intentar rascar un pequeño porcentaje de energía durante el trayecto al trabajo, confiamos ciegamente en esa pequeña ranura luminosa de nuestro vehículo.
Sin embargo, detrás de esta comodidad se esconde una práctica que está acortando drásticamente la vida útil de nuestros dispositivos y, en algunos casos más extremos, poniendo en riesgo nuestra privacidad.
La explicación que da argumento al título de este artículo está en la pura física de los componentes eléctricos de tu vehículo y en cómo reaccionan las celdas de litio de tu teléfono ante un suministro de energía inadecuado. Es importante destacar que a lo largo de este artículo hablamos de vehículos anteriores a 2018.
La batería sufre
La inmensa mayoría de los puertos USB integrados de fábrica en los coches, especialmente en aquellos modelos matriculados hace más de 7 años, no fueron diseñados originalmente como cargadores de alta potencia. Su propósito principal en la mesa de diseño era la transferencia de datos, es decir, estaban pensados para que el usuario conectara un pendrive con música en formato MP3 para reproducirla en el sistema de infoentretenimiento.
Por este motivo, tal y como advierten las fuentes de la industria automotriz, estos puertos de la consola central suelen ofrecer un amperaje extremadamente bajo, que generalmente oscila entre los 0,5 y 1 amperio. Si comparas esta cifra con los 2 o 3 amperios, o incluso más, que suministra el cargador de pared original de tu teléfono en casa, la diferencia es más que evidente.
Por tanto, al conectar un móvil moderno, es decir, con unas exigencias mínimas respecto a la carga, el dispositivo demanda mucha más energía de la que el coche es capaz de proporcionarle a través de ese puerto, sobre todo si tienes la pantalla encendida con el brillo alto y estás utilizando aplicaciones pesadas como Google Maps o Waze en tiempo real. Esto genera un efecto de carga deficitaria.
Al consumir más energía de la que entra, el procesador trabaja al límite y la batería del móvil se sobrecalienta de manera alarmante. Este calor sostenido es el mayor enemigo de las baterías de iones de litio, provocando que su estructura química interna se degrade más rápido, perdiendo capacidad máxima de retención irreversiblemente en cuestión de meses.
Coches de alquiler
Pero también hay un segundo riesgo que, en este caso, afecta directamente a tu privacidad. Cuando alquilamos un coche en el aeropuerto para unas vacaciones o utilizamos un vehículo de carsharing por la ciudad, como puede ser WiBLE o Zity, conectar el teléfono al puerto USB para escuchar nuestra música con Android Auto o Apple CarPlay y usar el navegador es algo muy frecuente.
El problema es que en estos casos puede producirse lo que se conoce como juice jacking, que básicamente es que, al conectar tu móvil al coche, estás abriendo un canal de transferencia de datos directo a las entrañas de tu sistema operativo. Los ciberdelincuentes pueden manipular los puertos accesibles de vehículos compartidos para inyectar malware o extraer información sensible de tu dispositivo en el mismo instante en el que estableces la conexión.
