La medicina oncológica lleva décadas tratando de descubrir una herramienta diagnóstica no invasiva, rápida y capaz de identificar la presencia de un tumor cuando las pruebas tradicionales todavía no son capaces de detectarlo, sobre todo si el paciente aún no presenta síntomas. Hasta la fecha, solo algunos tipos de cáncer se han prestado a ser detectados en etapas tempranas, y eso es precisamente lo que se pretende cambiar.
La idea es que todas las enfermedades de este tipo puedan detectarse pronto, para poder iniciar el tratamiento lo antes posible y asegurar el buen resultado de la terapia. La investigación a la que hacemos referencia, liderada por la Universidad de Harvard, sugiere que todo está a punto de cambiar.
Los resultados de un extenso estudio de simulación, realizado por investigadores del Hospital General de Massachusetts y la Escuela de Medicina de Harvard, que publica la revista científica especializada Advanced Science News, revelan que la implementación rutinaria de análisis de sangre de detección multicáncer (MCED) podría reducir casi a la mitad los diagnósticos de cáncer en estadio avanzado.
Cambio necesario
Actualmente, el sistema sanitario, y hablamos a nivel mundial, no solo en España, tiene un gran déficit en el terreno de la detección de cáncer. Los protocolos de cribado masivo solo cubren eficazmente cuatro tipos de cáncer: mama, cuello uterino, colorrectal y pulmón (este último solo en grupos de riesgo). Esto deja, según datos recogidos en el estudio, a aproximadamente el 70 % de los nuevos casos de cáncer sin ninguna prueba de detección disponible.
Dentro de este grupo, podrían entrar cánceres asintomáticos o los que apenas se perciben y son igual de letales, como el de páncreas, ovario o hígado, que suelen diagnosticarse en fases tardías, cuando la metástasis ya ha hecho su aparición y las opciones terapéuticas son limitadas.
La tecnología que proponen estos nuevos test se basa en la biopsia líquida avanzada. A diferencia de las analíticas convencionales, estos test buscan fragmentos microscópicos de ADN tumoral circulante (ctDNA) y proteínas específicas que las células cancerosas vierten al torrente sanguíneo. Mediante algoritmos de aprendizaje automático, avisa de la presencia de cáncer, y no solo eso, sino que puede indicar con alta precisión en qué órgano se encuentra y cómo de avanzado está, mucho antes de que aparezca un bulto o dolor.
Jagpreet Chhatwal, director del Instituto de Evaluación Tecnológica del Hospital General de Massachusetts y autor principal del estudio, ha sido contundente al respecto: «Nuestro análisis muestra que los análisis de sangre multicáncer podrían cambiar las reglas del juego para el control del cáncer». La idea es detectar la enfermedad antes de que se propague, lo que reduce mucho la carga económica del tratamiento y los efectos psicológicos adversos.
Resultados muy buenos
Ante la falta de datos a largo plazo, dado que esta tecnología es muy reciente, el equipo de Chhatwal desarrolló una sofisticada herramienta de simulación. Proyectaron qué ocurriría si se introdujeran estos test en los chequeos anuales de cinco millones de adultos de entre 50 y 84 años durante una década. El modelo abarcó 14 tipos de tumores sólidos, que representan casi el 80 % de la carga oncológica actual (dejando fuera por limitaciones técnicas leucemias y linfomas).
Los resultados de la proyección son abrumadores. Tras diez años de cribado anual:
- Los diagnósticos en estadio I aumentarían un 10 %.
- Los de estadio II crecerían un 20 %.
- Lo más importante: los diagnósticos en estadio IV (metástasis avanzada) se desplomarían un 45 %.
Estas cifras se traducirían en miles de vidas salvadas. El cáncer no desaparece, pero se vuelve mucho más curable. El estudio destaca que las mayores reducciones de mortalidad se observarían precisamente en aquellos tumores que hoy son sentencias de muerte rápida, como el de páncreas y pulmón, debido a su agresividad y diagnóstico tardío.
Los científicos saben que no todo el mundo cumple con sus revisiones médicas. Por ello, simularon un escenario realista donde solo el 50 % de la población objetivo se sometiera a las pruebas. Incluso con esta tasa, la reducción de diagnósticos tardíos seguiría siendo de un notable 24 %.
