El viento del este es un viejo conocido en el archipiélago canario y, cuando las fuertes ráfagas saharianas arrastran densas cortinas de polvo en suspensión, el cielo, además de cambiar de color, puede transportar pasajeros indeseados. En los últimos días, los vecinos de Lanzarote han sido testigos de un fenómeno biológico que parece sacado de una película.
Una nube de insectos ha tocado tierra dejando imágenes verdaderamente impactantes y provocando una frase que resuena con fuerza entre los agricultores más veteranos de la isla: «Esto no lo veía desde el 2004».
La llegada repentina de cientos de ejemplares de langosta africana ha encendido todas las alarmas en el sector primario. Ver el cielo oscurecerse por el aleteo de estos ortópteros genera un pánico comprensible, ya que históricamente son conocidos por su capacidad para arrasar con hectáreas de cultivos en cuestión de horas.
En ADSLZone, te explicamos qué hay detrás de este asombroso fenómeno migratorio impulsado por la meteorología, por qué los protocolos de seguridad se han activado de inmediato y cuál es la amenaza real a la que se enfrenta el ecosistema insular.
Europa Press@europapressLa calima y el viento fuerte sahariano llevan hasta Lanzarote un enjambre de langostas dejando estas impactantes imágenes: «Esto no lo veía desde el 2004» https://t.co/E1iaWbzEdi https://t.co/cJ40R9VaSN25 de febrero, 2026 • 11:54
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Calima en Canarias
Para que una plaga de langostas del desierto logre cruzar el océano y alcanzar las Islas Canarias, se requiere una tormenta perfecta a nivel atmosférico. Estos insectos no deciden volar hacia el oeste por voluntad propia, sino que son arrastrados por las corrientes térmicas. Las fuertes ráfagas de viento originadas en el desierto del Sáhara, acompañadas del característico polvo en suspensión (la calima), son quienes los empujan hacia las islas.
Las langostas aprovechan estas corrientes cálidas de altitud para planear durante cientos de kilómetros con un esfuerzo mínimo. Según los informes técnicos emitidos en las últimas horas, el impacto de este enjambre se ha focalizado geográficamente en zonas muy concretas de la isla de Lanzarote:
- La franja costera: El grueso de la invasión ha aterrizado en el litoral comprendido entre las localidades de San Juan y la popular Caleta de Famara.
- La fuerza del viento ha sido tal que algunos individuos aislados han logrado penetrar hasta el núcleo urbano de Arrecife, sorprendiendo a viandantes y conductores.
A pesar de lo aparatoso de su llegada, se descarta, por el momento, una dispersión masiva hacia el interior agrícola de la isla.
¿Es peligroso?
Cuando se avista un enjambre, el primer instinto es temer por la integridad de las cosechas. Sin embargo, la ciencia aporta un matiz fundamental que ha permitido al sector agrícola lanzar un suspiro de alivio. Tal y como detallaron en una reciente rueda de prensa Samuel Martín, consejero de Medio Ambiente del Cabildo de Lanzarote, junto a Francisco Fabelo, jefe del Área de Medio Ambiente insular, esta situación no responde actualmente a una invasión generalizada y destructiva.
El análisis de los biólogos sobre el terreno ha confirmado que los cientos de ejemplares avistados pertenecen a un único enjambre compuesto, en su inmensa mayoría, por individuos adultos que se encuentran en la última fase de su ciclo vital.
Y aquí está la clave, ya que el largo desplazamiento transoceánico desde el continente africano supone un desgaste metabólico brutal para el insecto. Las langostas han consumido prácticamente todas sus reservas de lípidos durante el vuelo. Al llegar exhaustas y encontrarse en el final de su vida biológica, su capacidad y voracidad para devorar vegetación es significativamente menor en comparación con los enjambres jóvenes y activos que arrasan los campos en África.
No se puede bajar la guardia
Aunque el diagnóstico de los expertos del Cabildo confirma que este enjambre específico carece de la fuerza necesaria para provocar una catástrofe agrícola, la alerta medioambiental sigue activa en todo el archipiélago.
La meteorología manda, y mientras los episodios de fuertes vientos saharianos y alta concentración de calima persistan, este corredor entre África y Canarias seguirá abierto. Las autoridades mantienen los protocolos de vigilancia intensiva para monitorizar la posible llegada de nuevas oleadas.
