Aunque todos conocemos el 29 de febrero, un día que podemos disfrutar en los años bisiestos, es decir, cada 4 años, poca gente sabe de la existencia del 30 de febrero, ya que nunca lo ha vivido. Sin embargo, ya hubo uno en la historia, y no será el último.
Por lo tanto, si eres de los que lo escuchan por primera vez, hoy sabrás el motivo por el cual hay gente que ya tuvo la oportunidad de vivir uno, y por qué habrá otro en el futuro, aunque ya os podemos adelantar que los que estamos hoy aquí, no lo veremos en persona.
¿Existió el 30 de febrero? ¿Cuándo será el próximo?
Febrero siempre ha sido un mes peculiar dentro del calendario, pero su rareza no termina en los años bisiestos. Aunque hoy nos parece imposible, hubo un momento en que el calendario incluyó un 30 de febrero, una fecha tan extraña que casi parece una leyenda.
Todo ocurrió por un problema de sincronización entre distintos sistemas de medición del tiempo. A comienzos del siglo XVIII, algunos países europeos intentaban corregir los errores acumulados en sus calendarios para alinearlos mejor con el movimiento real del planeta alrededor del Sol. Suecia, en particular, quiso hacer el cambio de forma gradual, pero una serie de olvidos y ajustes mal aplicados dejó al país con un calendario que no coincidía con ninguno de los usados en Europa.
Para solucionar el desorden, en 1712 decidieron dar marcha atrás y regresar temporalmente al sistema anterior. Para lograrlo, añadieron un día adicional al calendario de ese año, creando así el inusual 30 de febrero, una fecha que solo existió allí y en ese momento. Al no existir tecnología, y una difícil comunicación con otros países, esto resultaba más común de lo que parece, ya que actualmente nadie se plantea que un país con el que haces frontera, tenga otro calendario diferente.
Con el calendario actual no se espera que vuelva a repetirse algo así (al menos que los humanos actuales podamos ver). Sin embargo, algunos científicos señalan que, dentro de muchos siglos, se necesitarán nuevos ajustes. La rotación de la Tierra cambia lentamente con los siglos por efectos de la Luna, terremotos y movimientos internos del planeta. Eso significa que, dentro de miles de años, el calendario podría volver a desajustarse respecto al Sol, ya que el año no dura exactamente 365 días y 6 horas, sino que existen minutos sueltos que nunca ajustamos, ya que cada 4 años solamente cogemos las 6 horas extras de cada uno de ellos.
En resumen, sí, volverá a haber un 30 de febrero, sin embargo, no se puede calcular el año en el que resultará necesario aplicarlo, y pasarán miles de años hasta que esto ocurra, por lo que nadie de los que estamos hoy estará para verlo, pero resulta curioso conocerlo, ya que muchas personas nunca se lo habían planteado, y es más interesante de lo que parece, aunque también un posible problema ya que un cambio así no sería solo una curiosidad histórica: obligaría a actualizar calendarios digitales, archivos oficiales y sistemas que usan fechas exactas en todo el mundo. Seguramente se debatiría durante años antes de aplicarse. Y, como ha pasado otras veces con el calendario, terminaría siendo una decisión práctica… aunque al principio suene extraña para todos.
