
En la arquitectura cósmica, o al menos en la que nos han enseñado en los libros de texto basándose en nuestro propio Sistema Solar, los mundos rocosos y densos, como la Tierra o Marte, se agrupan cerca del calor de su estrella, mientras que los gigantes gaseosos y helados, como Júpiter o Neptuno, se quedan alejados. Es una cuestión de temperatura y gravedad que los astrónomos daban por sentada en la mayoría de los escenarios.














































