D-Day, el perro que adoptaron los militares después del Desembarco de Normandía

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Historia
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El 6 de junio de 1944 tuvo lugar el que está considerado como el mayor desembarco naval de toda la historia de la humanidad: el Desembarco de Normandía, más conocido como D-Day. A las 06:30 horas, miles de soldados de las fuerzas aliadas llegaban a las costas francesas para liberar Europa de la tiranía nazi. No obstante, esta historia militar también tiene tras de sí la vida de un perro.

El 12 de junio de 1944, casi una semana después de que los soldados de la coalición aliada hubieran reventado las líneas alemanas, el general estadounidense Charles Gerhardt encontró un cachorro de perro al que adoptó con gusto. Con el clásico sentido del humor que caracteriza a muchos mandos militares, Charles no tuvo otra ocurrencia que ponerle de nombre D-Day, en honor al desembarco.

En un primer lugar, este perro fue recibido con gran ovación por los destacamentos estadounidenses, pero conforme fueron pasando las batallas, los soldados acabaron hasta el mismísimo de él. El porqué era sencillo: el canino era un auténtico cabrón, si se me permite la palabra.

Chivato a la vista

Narran los militares que allí estaban presentes que el perro cogió rápido los conceptos militares de su dueño. Por ejemplo, si veía a un soldado con el casco sin abrochar, este se ponía a ladrar y moverse hasta que se lo ataba de nuevo. El perro consiguió que todos los soldados del campamento llevaran el casco ante la risa de Gerardt.

Así mismo, el can contaba con todo lujo de detalles: dormía en la cama del general; viajaba en la parte trasera del jeep de manera erguida -y pobre del que le dijera algo a Gerardt-; y si se metía en un campo de minas, los soldados tenían que ir a rescatarlo.

Tal era el amor que le profesaba el general que cuando un día un camión lo atropelló, este se fue para el conductor: “¡Si este perro muere, voy a acabar contigo”. El perro se recuperó, terminó la guerra y viajó a Estados Unidos para tener un plácido descanso durante diez años más.

Cuando finalmente falleció, el general comunicó públicamente la noticia a todos sus allegados y soldados combatientes. Seguro que más de uno no recordaba con mucho agrado al perro.

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