El día que Tolkien cargó contra el régimen nazi y la publicación de El Hobbit

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John Ronald Reuel Tolkien, más conocido como J.R.R. Tolkien. Hoy se cumple el 125 aniversario del nacimiento del escritor británico de Bloemfontein, Sudáfrica. Hablar de Tolkien es casi hacer una reverencia a la literatura. Es mencionar al escritor más prolífico en materia fantástica. Una figura que sentó las bases de todo lo que el género puede ofrecer hoy en día. Es imposible -en mayúsculas se podría poner sin dudar- concebir la literatura fantástica sin la influencia de Tolkien. Pero no sólo fue un excelente escritor y filólogo, sino que también contó con una ética y modales impropios de la época.

Corría el año 1938 cuando la editorial alemana Rütten & Loening se puso en contacto con el editor de Tolkien, Stanley Unwin, para la publicación de El Hobbit. En el país germano eran conscientes de que el libro estaba triunfando entre todos los sectores, así que querían hacerse con la licencia, traducirlo y ver si el “boom” tenía también lugar.

¿Cuál era el problema en ese momento? Pues que estábamos a punto de asistir al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. El clima ya era bastante hostil y lo primero que le preguntaron a Tolkien no fue si le cedía los derechos, sino si este poseía ascendencia judía. En una Alemania virando al extremo y que en un año (1 de septiembre de 1939) invadiría Polonia, publicar un best-seller judío no era lo que querían los editores.

Tolkien, en lugar de quedarse callado, respondió a la misiva con mucha educación y, también, con duros dardos, además de una prosa exquisita. Cuenta la leyenda que redactó dos cartas, una más cometida y otra hiriente. No se sabe cuál envió la editorial finalmente, aunque el libro no salió publicado hasta después de la guerra (¿apostamos por la segunda?).

La hostil se reproduce a continuación: no todos los días se deja plantado al régimen nazi. Viva El Hobbit.

Tendremos nuevo libro de J.R.R. Tolkien para este próximo 2017 (con Beren y Lúthien)

Carta de Tolkien

Gracias por su carta. Lamento decir que no me queda claro a qué se refiere lo de arisch. No soy de extracción aria: es decir, indo-iraní; hasta donde yo sé, ninguno de mis antepasados hablaba indostaní, persa, romaní ni ninguno de los dialectos relacionados. Pero si lo que debo entender es que me preguntan si soy de ascendencia judía, sólo puedo contestarles que para mi pesar al parecer no tengo ascedencia de ese pueblo tan dotado. Mi tatarabuelo vino a Inglaterra desde Alemania en el siglo XVIII: por ello, la mayor parte de mi ascendencia es puramente inglesa y soy súbdito inglés, lo que debería resultar suficiente. No obstante, he tenido a gala llevar con orgullo mi nombre alemán, algo que hice incluso durante la lamentable última guerra, durante la cual serví en el ejército inglés. Sin embargo, no puedo por menos de observar que si preguntas irrelevantes e impertinentes de este tipo han de convertirse en la norma por lo que respecta a los asuntos literarios, no queda muy lejos el momento en que un nombre alemán dejará de ser fuente de orgullo.

Sin duda han realizado ustedes esta averiguación en cumplimiento de las leyes de su país, pero resulta impropio que las mismas se apliquen a ciudadanos de otros estados, incluso si tuviese (que no tiene) alguna relación con los méritos de mi obra o su adecuación a ser publicada, aspectos que al parecer les han convencido sin necesidad de remitirse a mi Abstammung.

Confiando en que encuentren esta respuesta satisfactoria
les saluda atentamente,

J.R.R. Tolkien

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