Reyes Magos: ni eran tres ni venían de Oriente

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Curiosidades
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Quedan sólo dos días para la noche más bonita del año. Sí, las Navidades engloban la Nochebuena y la Nochevieja, pero el Día de Reyes es especial. Es mágico. Es único. Tanto enanos como mayores disfrutamos de esta efeméride. 24 horas donde entregamos esos regalos a los que tanto cariño les hemos profesado. Sin embargo, y no queremos ser agoreros, la tradición de los Reyes Magos ha ido cambiando conforme pasan los años. La historia siempre es más simple.

No eran tres Reyes Magos

Melchor, Gaspar y Baltasar. Durante toda nuestra vida se nos ha repetido que estos tres reyes fueron los que siguieron una estrella para entregar los obsequios al Niño Jesús. Un periplo enorme y una odisea sin parangón para dar el oro, el incienso y la mirra. ¿Problema? Que nunca fueron tres.

Aunque suene bastante triste, la tradición los redujo a este número porque eran muchos, en concreto doce según los armenios (con doce nombres diferentes, claro). No obstante, según el lugar de origen eran más o menos, así que para simplificar todo se escogieron sólo a tres. ¿Por qué? Fácil: por el número de regalos que llevaban (oro, incienso y mirra). El teólogo Orígenes asignó esa cifra en el siglo IV aproximadamente, y ya en el V el papa León I confirmó su número para toda la cristiandad.

Una vez establecidos cuántos iban a repartir los regalos, tocaba ponerles un nombre. En la Biblia no aparecen, sino que hay dirigirse hasta el siglo V -otra vez- para encontrar las principales referencias en dos textos: el Excerpta latina bárbari, donde se menciona a Melichior, Gathaspa y Bithisarea; y en uno de los evangelios apócrifos, donde se les llama directamente como Balthazar, Melkon y Gaspard (estos ya se asemejan bastante más a los que tenemos hoy en día).

No obstante, y al igual que con el número de reyes, dependiendo de la nacionalidad han recibido un nombre u otro. En Grecia se llaman Appellicon, Amerín y Damascón, es decir, no tienen nada que ver con los españoles; los sirios los denominan Balthazar, Melkon y Gaspard; y los hebreos los citan como Magalath, Galgalath y Serakín.

Reyes Magos: ni eran tres ni venían de Oriente

Oriente, vale, ¿pero qué Oriente?

Si ahora mismo nos dijeran “¿dónde está Occidente en el mapa?”, la respuesta dependería en gran parte del lugar donde nos encontráramos. Para un chino, por ejemplo, Occidente hace referencia tanto a Europa como a Estados Unidos, mientras que para un europeo quizás haga más alusión a Estados Unidos que al Viejo Continente. Pues con los Reyes Magos ocurre exactamente igual.

Se dice que sus majestades vienen desde Oriente, es decir, una referencia geográfica tan amplia que asusta. ¿Babilonia? ¿Persia? ¿Arabia? Hay muchas posibilidades, de ahí que los lugares de procedencia sean inabarcables. Ahora bien, ¿y si fueran andaluces?

En el libro escrito por el papa Benedicto XVI, que recibe el nombre de La infancia de Jesús, la máxima autoridad de la iglesia dice que los reyes llegaron desde Tartessos, zona que todos los historiadores sitúan en Andalucía. En concreto, esta se encontraría entre Huelva, Cádiz y Sevilla, una región que casa también con las descripciones realizadas (incluso con el aspecto físico de cada rey).

mapa de tartessos

Otras curiosidades

Si algo tienen los Reyes Magos es una serie de curiosidades que han perdurado a lo largo de los siglos. Al fin y al cabo, la tradición las ha ido modificando a su gusto, como por ejemplo que no son reyes. Sí, son sabios o eruditos, pero no reyes como tal.

Todo ocurre porque los términos fueron variando con el paso de las décadas. La palabra mago proviene del persa (magusha), donde derivó al griego (magós) y posteriormente al latín (magi). En todos los casos se hacía referencia a hombres sabios especializados en el estudio de los astros, pero nunca a reyes.

En cuanto a su identificación, cada Rey Mago tiene una particularidad. Melchor, por ejemplo, encarna la vejez, es decir, el grado de experiencia de alguien que ya ha vivido lo suficiente; Baltasar hace referencia a la madurez adquirida durante los años y que se acerca a la categoría de sabio; y Gaspar simboliza la juventud, el erudito que tiene que formarse, aunque ya presenta una serie de cualidades.

De igual manera, los regalos también tienen un alto componente metafórico. Por ejemplo, el oro es un regalo de reyes, el más preciado valor, un obsequio que se asemeja a Jesús: el más importante entre los humanos; el incienso de Gaspar hace hincapié al culto a los altares, es decir, a Dios y a Jesucristo; y la mirra de Baltasar tiene un significado más fúnebre, dado que habla de la muerte.

Por cierto, el regalar carbón para aquellos que se han portado mal también tiene su explicación. Los Reyes Magos sólo entregan regalos a esos niños que se portan bien. ¿Quién realiza la ardua tarea de espiarlos y saber quién va por el buen camino? El paje Carbonilla, quien a su vez otorga el carbón a todos aquellos que durante ese años no han seguido las reglas.

Lo bonito del carbón es que prende rápido y ahora hace frío. No todo va a ser malo.

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