¿Por qué es tan difícil adivinar el tiempo en Semana Santa?

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Ciencia
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La primavera ya está aquí, en concreto desde las 11:29 hora peninsular del pasado 20 de marzo. La llegada de la estación más bonita del año para muchos es sinónimo, también, de una meteorología muy complicada de pronosticar. Quienes más sufren estos percances del tiempo son, sin lugar a dudas, los amantes de la Semana Santa. Para ellos va este artículo y una pregunta que ya nos han realizado a través de las redes sociales: ¿por qué es tan difícil adivinar el tiempo en Semana Santa?

La estación de la primavera se caracteriza por tener un aumento paulatino de las temperaturas, pero también una volubilidad muy alta. Quizás la prueba más grande la hemos tenido esta misma semana: en cuestión de siete días hemos pasado de tener 25-30 grados centígrados en ciudades como Sevilla o Madrid, a que en esta última haya nevado con temperaturas que han rodado los cero grados Celsius (por no hablar de las lluvias acaecidas).

Este tiempo tan diverso se debe a que la primavera es una etapa de transición entre el invierno y el verano. Los fenómenos meteorológicos se producen con mayor celeridad que en otras épocas del año, de ahí que los meteorólogos jueguen a ser dioses cuando ni el propio tiempo sabe qué va a ocurrir. Es más, tales son las variaciones meteorológicas durante la primavera que en castellano existe un refrán muy apropiado: “Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo”.

Con cuánto tiempo de antelación se puede saber

Una de las búsquedas más consultadas durante las próximas semanas ya se sabe: “El tiempo en Semana Santa 2017” (y “el tiempo Semana Santa Sevilla 2017”, también). Decenas de hermandades de toda España viven pegadas a los partes meteorológicos para ver si pueden salir a la calle a lucir sus misterios. Ya hemos dicho que la primavera es inestable por la etapa de transición en la que se encuentra, ¿pero a partir de cuántos días se puede comenzar a formar un pronóstico?

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La mejor respuesta para esta pregunta nos la dio el célebre José Antonio Maldonado, meteorólogo del tiempo de RTVE durante varias décadas. El sevillano escribió en su blog una solución muy clara al anterior enigma: “Se dispone de mapas para poder realizar pronósticos de hasta diez días, debiendo tenerse en cuenta que dichos pronósticos son menos fiables, en términos generales, a medida que nos distanciamos del día en que se emitieron y, asimismo, que no todas las situaciones ofrecen la misma dificultad. Cuando estamos bajo los efectos de un potente anticiclón las predicciones tienen muchas más probabilidades de llegar a buen puerto que cuando la atmósfera es inestable y, por tanto, las características meteorológicas son muy cambiantes”.

Por tanto, tenemos que a partir de los diez días uno ya puede intuir qué tiempo puede hacer. No obstante, cuanto más inestable sea la atmósfera, más difícil será averiguarlo. Y precisamente eso es lo que ocurre en primavera.

¿Por qué en primavera?

La Semana Santa siempre arranca en primavera, ¿por qué sucede esto? Como tantas cosas que han llegado hasta nuestros días, la respuesta está en la historia. Durante el Concilio de Nicea I (año 325), se estableció que el Domingo de Resurrección o Pascua de Resurrección debía ser celebrado en domingo, que no coincidiera con la Pascua judía y que se celebrara entre el 22 de marzo y el 25 de abril, es decir, después del equinoccio de primavera.

Para elegir un día en concreto se tomaba como referencia a nuestro satélite, la Luna. El Domingo de Resurrección siempre tendría lugar el domingo siguiente a la primera luna llena de primavera. Este año, por ejemplo, este fenómeno tiene lugar el 11 de abril, por lo que el Domingo de Resurrección será el domingo 16 de abril (y el Domingo de Ramos, por tanto, el día 9 del mismo mes).

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