´Grande e general estoria´ de un traspaso indebido

Para empezar, saludos a todos los habitantes del foro, y especialmente a aquellos que, como yo, hemos sido "elegidos para la gloria" del canibalismo capitalista del imperio de la telecomunicación, como sabe todo el mundo, uno de los más altruistas y comprometidos con el ser humano. Lo cierto es que yo, hasta el pasado 8 de octubre, no tenía mucho que reprochar a dicho imperio, incluso apurando (sobre todo teniendo en cuenta cómo está el patio de este mundo) todo lo contrario.

Así que, mi historia, que por cierto, se sigue escribiendo, comienza dicho 8 de octubre. Se la he enviado a un amigo que conoce a una abogada para, principalmente, conocer qué pasos son los adecuados a seguir para una indemnización. Quizá peco de ingenuo, porque según la magnífica atención cursada en la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y Bla Bla Bla, lo que yo pretendo sería por vía judicial, que ellos sólo lidian cuando se reclama la devolución del importe de una factura emitida por un operador que ha efectuado un traspaso indebido, y ése no es mi caso (no me ha llegado factura indebida alguna en este tiempo). La indemnización a la que yo me refiero, dejando de lado la psicológica (y con la que igual me podría hacer rico), son los gastos inevitables que he tenido por culpa de mi situación. Ello se verá mucho más claro en la relación de acontecimientos.

Aunque no lo parezca, me he limitado a relatar los principales libros de esta maldita Biblia de unos y ceros (y de seres con un valor de uno y cero): quedan, pues, muchas otras venturas y desventuras sin disfrutarse en la lectura. Espero, aparte de que alguien, como en el caso de la abogada aludida antes, pueda darme alguna información sobre el reclamo económico, sirva como grano de arena más del gran montón que ya es este tipo de historias, a ver si desde algún ente político-social se nos diese algún tipo de respaldo REAL, TANGIBLE, porque en este tipo de historias lo que siempre se ve, básicamente, es la impotencia y frustración de no poder hacer realmente nada efectivo, la sensación de un pez que se te escapa entre las manos.

En definitiva, que esta es esa (insisto, sin terminar, como se verá) ´estoria´:

"Tras ver toda la historia, sólo Dios, Satán y Rafa Nadal sabrán a ciencia cierta quién ha sido el verdadero ser glorioso que me ha apartado de esta manera de la senda luminosa de la vida virtual. Como verás, también Jazztel aparece como punto de mira para interponer denuncia o reclamación. Pero si mi punto de mira debe ser Tele2-Comunitel, o Tele2-Comunitel y Jazztel, o la propia Telefónica, o todo Cristo Rey, lo tendrá que decidir la ley, supongo:

- El 8 de octubre mi conexión ADSL se esfuma… Según me indica Telefónica, debido a un traspaso: UN TRASPASO INDEBIDO (efectivamente: NI YO, NI MIS PADRES, FIRMAMOS NADA, NI HABLAMOS CON NADIE PARA TRASPASO ALGUNO). El mismo día llamo a Tele2-Comunitel, que resulta haberse fusionado con Vodafone. Y allí me dicen, unos y otros, otros y unos, que mis datos (en realidad los de mi padre, que es autónomo y de ahí la preferencia de usar los suyos) no figuran en su sistema. De todas maneras, hasta que no se finalice el proceso del, supuesto, traspaso, ellos no tienen acceso a dichos datos. Me dicen que yo sí, desde la página web de…, Tele2-Comunitel-Vodafone (en algún lugar entre todos ellos), en “estado de mi pedido”… “Mi pedido”… Extrañamente, no sé por qué, las páginas web de las operadoras no tienen la pestaña: “Estado de mi pedido INDEBIDO”. Y yo a esto, a este punto 0, ya lo llamaba digno de una película de David Lynch…

- Durante los próximos días espero, según indicaciones de Telefónica, que mis buenos amigos de Tele2 terminen con el proceso de traspaso, para entonces Telefónica poder nuevamente “hacerse con el circuito” y volver a darme el servicio ADSL. Después de darme varias fechas (tantas como teleoperadores con los que hablé), por un lado para poder hacerse de nuevo con el circuito y, por otro, para activarme nuevamente el servicio ADSL, Telefónica me dice que ya tiene dicho circuito y, unos días después, acaban confirmándome la del 25 de octubre como fecha en que otra vez podré pertenecer a la “civilización”...

- El 25 iba a ser uno de los días más felices de mi vida, venían los Reyes Magos…, y, oh my god!, resulta ser de los más frustrantes. Tras comprobar que sigo sin ADSL, a lo largo del día llamo tres veces a Telefónica, hallando en cada llamada tres discursos distintos, a cual más exótico. Lo verdaderamente importante es que, en la tercera llamada, tras más de media hora de espera, me informan de que Telefónica aún no se ha hecho con el circuito. Mi mente hace “crack”, me destierro de Telefónica dejándolo bien (alto y) claro, y me llevo a otro capítulo, a otra era: la era de Jazztel.

- Ese mismo 25 de octubre, me acogen en Jazztel secándome las lágrimas y dejándolas a secar en mi grabación de voz de solicitud de portabilidad. Las sensuales y catárticas voces de la Srta. Cristina López Frutos y su supervisor el Sr. Hugo Basi me van a recuperar el circuito y dar el servicio ADSL en esa misma semana. Que Telefónica son Belcebú y ellos la Santísima Trinidad elevada el cubo. Evidentemente, a estas alturas no me creo nada, pero no tengo ya nada que perder después de todo.

- Primera semana…, segunda semana…, tercera semana… “Tiene que estar al llegar, tiene que estar al llegar [el router]… Sí sí, no me aparece que exista ninguna incidencia con su operador donante, en cuanto existiera alguna nos pondríamos inmediatamente en contacto con usted… Sí sí, aquí aparece que su operador es Telefónica, no me aparece ningún otro… Pues qué raro que no haya llegado ya… Efectivamente, me dicen que ha de estar al llegar; como ya le dije, ha habido una fuerte demanda…”. Así se sucedían los versos de la bella Cristina, semana tras semana; antes de que dicha belleza sonora me remitiese al área técnica y, en posterior llamada en que presenté mis respetuosas quejas, similares a las encabronadas quejas a Telefónica, volviese a remitirme a dicha área y a no quererme como me quiso en aquella primera llamada de enamorados (si bien, insistiendo en el Misterio de la Santísima Trinidad que es Jazztel). En dicha área, en un principio intentaron activar mi ADSL modificando los distintos parámetros de mi router de Telefónica, porque, insisto, el router jazzteliano “estaba llegando, estaba en camino”, es decir, en teoría el servicio ADSL estaría activado y podría acceder, ante mi incredulidad salvaje, al mundo civilizado de nuevo: lo haría a través de mi router de Telefónica tras esas modificaciones, hasta la llegada del jazzteliano (que, insisto, “estaba llegando”). Hasta que… Upsss, parece que hay…, una incidencia con Telefónica, de la que un jefe técnico me informaría sobre las 10 de la mañana del día siguiente (que ha de ser una mañana siguiente que no figura en el calendario gregoriano).

- Esa misma semana de flirteos con el área técnica, me llama, remontándome a los orígenes de esta Biblia, la primera teleoperadora con la que hablé cuando la desaparición de mi ADSL, la que me informó del traspaso indebido a Tele2-Comunitel, y a la que le suelto unos cuantos salmos y cartas apostólicas aderezadas de un NO tan grande como los terabytes de mi encabronamiento ante su pregunta de si quiero que Telefónica se encargue de mi ADSL…, porque resulta que…, ahora, ya, Telefónica, justo un mes (curiosidades de la fibra óptica) después de hablar con esta muchacha, la buena de Pilar, después de que se conspirase para reventar mi paciencia y moral, justo entonces, Telefónica había podido recuperar el circuito perdido (y tal vez también el arca).

- Tras no sé cuántas llamadas a Telefónica pidiendo explicaciones de por qué no permiten la portabilidad a Jazztel, exactamente el trabajo que se supone iban a hacer ellos, mis nuevos amiguitos jazztelianos, que se limitan a darme largas de una manera u otra y a rellenar de blanco la incidencia de mi caso, tras no sé cuántas respuestas distintas y cuántos 900 10 10 10 marcados que terminaron, tras darle al “play” de la historia expulsando posiblemente espuma por mi boca, remitiéndome al 900 10 10 10 (efectiva y nietzscheanamente, al mismo número al que había llamado), tras todo eso y posiblemente mucho más, alguien (supongo que enviado divino) me proporciona un código de cancelación de una petición de servicio ADSL realizada por mi parte en la llamada de…, sí, en la llamada de la buena y dulce Pilar, la que tuvo que escuchar mis salmos y cartas apostólicas y, por lo visto, y seguro que sin querer, confundió ese NO cósmico con un SÍ de igual tamaño. Inmediatamente, llamo a mis nuevos amiguitos de Jazztel, y les facilito el código de cancelación: les facilito el que era su trabajo, aparte de, una y otra vez, asegurarme que están haciendo todo lo posible para solucionar la incidencia lo antes posible.

- Antes de que me facilitasen dicho código de liberación, horas antes, y por indicación de una comercial de una tienda de Telefónica (donde se solicitó, en 2007, el servicio ADSL), me pongo en contacto vía e-mail con Telefónica pidiéndole explicaciones sobre los problemas que están poniendo a Jazztel para la portabilidad. Al día siguiente, me contestan. Y ahora viene lo mejor: me informan de que dicha portabilidad no se puede realizar porque tengo la línea con ellos (Telefónica), y el servicio ADSL con otro operador, que no me especifican, y que para que dicha portabilidad se efectúe, debo tener ambos servicios con una sola operadora. Esto es: ESTAMOS COMO AL PRINCIPIO, COMO SI FUESE 8 DE OCTUBRE (SIENDO AQUEL DÍA 17 DE NOVIEMBRE), PERO…, AÚN PEOR. Llamo nuevamente al área técnica de Jazztel y les cuento, y me cuentan lo de siempre: nada, y acabo recitando el Corán en élfico. Desde entonces, no he vuelto a saber nada de Jazztel, ni de sus tres, cuatro, etc., llamadas pendientes para informarme de la incidencia por la que no podía producirse la portabilidad, ni de (y es lo que más me ha arrebatado las ganas de vivir) la bella y dulce Cristina. La única noticia de ellos ha sido vía factura de móvil, que, en llamadas a los colegas del área técnica, me asciende a más de 30 euros, y falta aún la factura del fijo, desde donde también llamé. Eso sin contar las tres semanas que Jazztel, este nuevo gran dios del servicio de Internet, como dejan ver sus palabras (nota: sobre todo las de la primera conversación), me hizo perder, sabiendo perfectamente cuál era mi desesperada situación.

- En medio de las comunicaciones con Telefónica vía e-mail, en que, entre otras cosas, me dicen que no tienen acceso a la información de ese operador “fantasma” (no me pueden confirmar si es Tele2 o su puta madre en tanga de clavos), acabo, sin poder más, haciéndome con un módem usb, pagándolo para, por supuesto, no estar sujeto a permanencia, porque aún confío en el término de esta historia interminable. Fiestecilla que asciende a 49 euros de módem usb + los 35 (+ iva) de la tarifa contratada (y subiendo). Y no hace falta hablar del rendimiento de este chisme en comparación con el soporte de la línea fija.

- En medio de esas comunicaciones, además, y aquí llegamos al final del camino (a día de hoy, a día de hoy…), acabo solicitando en la tienda de Telefónica anteriormente aludida el servicio ADSL, antes que por la sugerencia de la comercial por mi propia decisión (la era Jazztel, tan fecunda, tan resolutiva, tan perfecta en la ecuación palabras/hechos, había tocado a su fin, y volvía a intentar la vuelta a casa, a Papá Telefónica). De esta forma, con la petición del servicio ADSL a Telefónica desde la tienda, quizá también se podría saber a ciencia cierta la identidad del operador “fantasma”. Bien, simplemente el sistema permitió el proceso de traspaso pero no ofreció la información sobre dicho operador. Por supuesto, la chica se tuvo que equivocar a la hora del pedido, al solicitarlo como particular (y recuerdo que yo, es decir, mi padre, es autónomo), para que la historia siga perfectamente fiel a sí misma. Finalmente, ayer me llamaron para comunicarme la entrega del router (es decir, que teóricamente parece que el traspaso este efectuado en la tienda es la SOLUCIÓN, el final feliz…), pero, siguiendo las indicaciones de la comercial, lo anulé, para entonces proceder al pedido correcto: como autónomo (no se podía anular más que de esta manera, y no en el momento en que vimos que cometió el error). Y en esa espera, hoy en día, me hallo. Evidente, lógica, naturalmente, llegados a este punto (mejor o peor de la cabeza) muy pocos en este Universo pueden predecir si será la última."
 
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