El cierre de Megaupload disparó la piratería de contenidos de la industria editorial

Ha transcurrido más de medio año desde que el FBI cerrase Megaupload. ¿Ha servido esto para reducir la piratería? Según los datos de una empresa antipiratería, la respuesta es negativa, puesto que incluso ha aumentado el número de contenidos de libros electrónicos "pirateados" en la Red.

La compañía Attributor es especialista en detectar copias de libros electrónicos que circulan en Internet y proceder a su eliminación para reducir los elevados índices de "piratería" de este tipo de contenidos a petición de la industria editorial. Alrededor de 250.000 títulos son vigilados por esta empresa, que no duda en contactar con los cyberlockers para que éstos procedan al borrado de archivos o tengan una política de lucha contra la "piratería" más intensa.

Sin embargo, su misión es harto complicada en un mundo donde la tecnología permite que los contenidos sean compartidos sin permiso de los titulares de derechos de autor. "Es como un juego. Eliminas y lo suben, eliminas y lo suben… siempre encontrarán alternativas. De lo que se trata es de poner las cosas difíciles", admiten desde Attributor. Asimismo, reconocen que "muchos consumidores nunca pagarán y la inclinación es elegir la gratuidad si es más fácil y no te pasará nada. No obstante, muchos piratas ocasionales son potenciales compradores".

Otra de las misiones de esta empresa pasa por detectar tendencias y acumular información de interés comercial como qué libros son los más descargados, en qué países y las diferencias de precio en dichos territorios. En este objetivo, la compañía ha comprobado una curiosa consecuencia del cierre del cyberlocker por excelencia, Megaupload. Aunque la acción de las autoridades federales estadounidenses fue vendida como una victoria ante la "piratería", sus efectos reales fueron efímeros.

Si bien en el primer mes después del cierre cayó hasta un 40% el número de archivos alojados en cyberlockers que infringían la propiedad intlectual, apenas 30 días después el número de libros electrónicos disponibles en Internet sin permiso de los propietarios de su copyright se disparó un 13%. Las redes P2P como BitTorrent o eMule, donde es más difícil la persecución de estos archivos, se han convertido en las grandes vías de distribución de este material para impotencia de la industria, pasando de contar con un 17% del tráfico de estos contenidos a un 30%. Igualmente, los contenidos perseguidos por el grupo antipiratería se esparcieron por múltiples cyberlockers, complicando sus labores de detección y eliminación. Shareonline, Ul, Nakido, Netload, Rapidshare, Rus, 4shared, Mediafire, Ebookr y Scribd son en este orden las mayores fuentes donde se pueden encontrar libros electrónicos "pirateados".

Paradójicamente, la industria editorial es una de las más beligerantes y críticas con el daño que hacen las que denomina "descargas ilegales". Los datos aportados por Attributor no hacen más que confirmar que esta estrategia no sirve al sector para obtener beneficios, por lo que es momento de replantearse su forma de convivir con el entorno digital. Lo cierto es que no parecen del todo adecuadas medidas como la última que generó una gran polémica en España, donde con el fin de minimizar las pérdidas lanza títulos en formato físico a precios desorbitados mientras se niega a ofrecer alternativas en formato electrónico.