La ONU estudiará si se impone la Tasa Google en favor de las operadoras

La idea de que los grandes proveedores de contenidos, como Google, Facebook o Netflix paguen a las operadoras que soportan su tráfico, conocida como Tasa Google, vuelve a aparecer en el horizonte, dibujando un panorama cuando menos siniestro.

Una serie de documentos filtrados revelan que ETNO, la asociación que reúne a las operadoras de 35 países europeos, ha conseguido meter en la agenda de la reunión anual que tendrá la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (ITU), un organismo de Naciones Unidas, a finales de año en Dubai una serie puntos para que las empresas de internet paguen a las operadoras una tasa por gestionar su tráfico.

Bajo el principio sending party network pays (algo así como el que manda, paga la red), la ITU estudiará la propuesta de imponer una tasa a empresas como Google, Facebook, Twitter, Microsoft… en contra prestación por hacer llegar sus contenidos a los usuarios. No se dice nada de cifras, pero serían miles de millones. Al menos eso pagan sólo las operadoras estadounidenses a sus colegas de otros países por el tráfico de llamadas internacionales.

La comparación tiene su sentido, ya que el modelo de pago compartido de la telefonía internacional, donde la operadora que recibe la llamada ha de pagar (precio que siempre repercute en nosotros los usuarios), es el que quiere ahora ETNO para internet.

El asunto se tratará en la Conferencia Mundial sobre Telecomunicaciones Internacionales que la ITU va a celebrar en Dubai en diciembre de este año. En esa reunión se espera que se revise el tratado internacional que se firmó en 1988, cuando Internet era poco más que una quimera.

El respetado periodista Declan McCullagh, que cuenta la historia en CNet, destaca el problema desde un punto de vista nacionalista. Una tasa como esta afectaría sobre todo a empresas de Estados Unidos, que son las que generan la mayor parte del contenido que hay en la red. Pero el problema no es solo de Google y compañía.

Los usuarios de todo el mundo acabaríamos pagando la tasa directamente o indirectamente. Puede que algunos proveedores de contenidos acabaran trasladando el sobrecoste a los usuarios o, pero aún, aquellos que no le fuesen rentables, como los de los países menos desarrollados, podrían quedarse sin acceso a los contenidos.